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domingo, 12 de octubre de 2014

MITOLOGÍA ESQUIMAL: ORIGEN DEL SOL Y LA LUNA.

Al principio de los tiempos, un hombre y su hermana vivían en un pueblo costero. Él, sin esposa, se había enamorado de ella. La muchacha se había dado cuenta de que por las noches, al encender la lámpara de aceite en su iglú, un hombre pretendía entrar con la intención de poseerla.
Una noche, decidida a saber quién era, la muchacha impregnó dos de sus dedos con el hollín de la lámpara. Después, encendió ésta. Aquel hombre entró en el iglú y amó a la joven. Ella lo marcó con el hollín, dispuesta a descubrir quién era.
Al día siguiente, salió en busca de aquel maldito hombre. ¡Cuál fue su sorpresa cuando halló a su hermano con la marca en la frente! Asqueada y airada, se cortó un dedo y se lo ofreció, incitándole, con furia, que se lo comiera si tanto la deseaba. Sin embargo, él lo rechazó y la echó del lugar. Con el plato en la mano, la muchacha salió corriendo, cogió un pedazo de musgo y lo encendió. Arrepentido por haberla expulsado de tal modo y enamorado de ella, el hermano la siguió, haciendo lo mismo. Al verse perseguida por aquél que la había profanado, corrió con más ahínco, hasta que llegó al cielo y se transformó en sol. El hombre seguía sus pasos, pero el musgo se apagó y quedaron sólo las brasas, de tal modo que él se convirtió en la luna.

Todavía hoy  el Sol sigue corriendo. A veces, ambos se abrazan, momento en que se producen los eclipses. Además, durante el invierno, el Sol pierde fuerza, pero en primavera y verano coge altura y se multiplica su belleza, por lo que el deseo aumente en la Luna. Sin embargo, se agota y el Sol ha de darle de comer del plato que porta.  La luna, al recuperar fuerzas, continúa persiguiendo a su hermana. Y así continúa el ciclo.



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domingo, 20 de julio de 2014

MITOLOGÍA DE SIBERIA Y LA ANTÁRTIDA: LAS TRES ALMAS

Chamanes siberianos.
Según las creencias del Ártico, el alma del ser humano se compone por tres: la personal, la libre y la del nombre.

En Groenlandia consideraban que tras la muerte el alma personal viajaba al mundo subterráneo, donde se reunía con los familiares y amigos, o al superior, donde padecía frío y hambre. El alma libre puede abandonar el cuerpo cuando quiera, especialmente cuando la persona duerme. A veces, se aleja demasiado y el chamán debe recuperarla.

En todos estos lugares, consideran que el nombre también es un alma. Cuando una persona fallece, ésta se queda sin lugar que habitar hasta que puede residir en otro cuerpo. De ahí que se ponga a los recién nacidos el nombre de seres queridos fallecidos, pues asimilará lo bueno del ser querido desaparecido. Sin embargo, si el alma del nombre no encuentra lugar donde residir, se convierte en un espíritu guardián.


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domingo, 6 de octubre de 2013

MITOLOGÍA ESQUIMAL: LA MUJER Y EL GIGANTE

En el tiempo en que existían seres maravillosos, una mujer salió de su casa con la compañía de un cesto con comida. Huía del maltrato de su marido. Hundiendo los pies en la nieve, avanzó mucho para alejarse de su horrible esposo. Ni siquiera paró en ninguna aldea del camino por miedo a que le obligaran a volver.

Cuando ya se encontraba sin alimento y con el frío agarrotando su hambriento cuerpo, encontró entre la nieve carne de caribú. Miró a uno y otro lado con la intención de encontrar a su dueño y pedir permiso para alimentarse. Sin embargo, allí sólo estaba ella, rodeada por el viento cortante y un extenso manto blanco. Tomó parte de la carne y la asó. Pronto se sintió más fuerte. De modo que continuó el camino. Subió una colina y se acurrucó entre dos rocas, sorprendentemente muy cálidas.
A la mañana siguiente retomó su andar. Al anochecer, se cobijó bajo un montículo, tan cálido como las rocas de la noche anterior. A la posterior, se acurrucó en la depresión del suelo. La siguiente, en la maleza entrelazada.
De pronto, la sobresaltó una potente voz:
-          ¿Qué haces aquí?
La mujer tembló aterrorizada. ¡Llevaba tres días caminando sobre un gigante dormido!
-Puedes quedarte- continuó la ronca voz- pero no te acerques a mi boca cuando duermo. Mi aliento podría lanzarte al cielo.
De este modo la mujer se percató de que el gigante no le quería hacer ningún mal, así que se tranquilizó.
Para alimentar a la huésped, el gigante acercó carne de cabirú y le indicó que podía usar algunos pelos de su barba para hacer fuego con el que asarla. La mujer agradeció el cuidado e hizo lo que le decía.
-¡Rápido, cobíjate bien entre mi barba voy a toser!
La mujer casi no pudo asirse al bello gris de la barba del gigante cuando todo se estremeció y un poderoso vendaval salió de la boca de su nuevo amigo.
Kinak, que era como se llamaba el gigante, permitió a la mujer hacerse una cabaña en su tupida barba, siempre lejos de su boca. Él sólo tenía que alargar la mano para capturar a los animales y proporcionar a la mujer tanto carne como pieles para protegerse del frío. Sin embargo se dio cuenta de que, a veces, ella estaba triste.
-¿Quieres volver a tu casa?- preguntó el gigante con su ronca voz.
La verdad es que se acordaba de su marido, mas tenía miedo de que volviera a maltratarla.
-No te preocupes. Yo te protegeré si lo necesitas.
Y tras decir esto, el gigante le aconsejó que cortara la punta de las orejas de las pieles de todas las presas y las metiera en su cesto. A continuación, sopló y el viento resultante llevó por los aires a la mujer hasta llegar a la puerta de su casa. Como había pasado tiempo, y la había dado por muerta, al verla, su marido creyó que era un fantasma. Sin embargo, al percatarse de su error, abrazó a su  esposa. Ésta le contó lo sucedido y él prometió no volver a repetir su mal hacer.
A la mañana siguiente la mujer entró en la despensa, donde había dejado las puntas de las orejas. Se sorprendió al ver que éstas habían crecido y convertido en pieles. Con ellas se hicieron ricos y su esposo tuvo gran influencia en la aldea desde entonces.
Pasaron los años repletos de felicidad. Habían tenido un hijo al que llamaron Kinak en honor al gigante.
Sin embargo, un día, el marido, por algo insignificante, se enfureció  y persiguió a su esposa por la nieve con un palo. Ésta cayó  y se acurrucó para protegerse. Entonces recordó y comenzó a gritar:
-¡Kinak! ¡Kinak!
De pronto el cielo oscureció y un vendaval alejó al hombre hasta que ya no se lo vio.
La mujer y su hijo siguieron viviendo en la aldea. Al correr los años, él se había convertido en un apuesto muchacho, pero con el mal carácter de su padre. Un día se peleó, de nuevo, pero esta vez el resultado fue la muerte de los otros jóvenes con los que discutía por una foca.
Aterrada, la madre creyó que lo mejor era que su hijo abandonara la aldea. Sin saberlo, cogió el mismo camino que años antes siguiera su madre. De modo que se encontró con el gigante. Éste lo recibió con alegría y le permitió hacerse una cabaña en su barba. Sin  embargo, aunque le avisó de que no se acercara a la boca, el joven no hizo el menor caso y se exploró la zona prohibida. En ese momento, los labios del gigante se separaron y salió un gran vendaval. El muchacho intentó, sin éxito, asirse al bigote del gigante. Salió volando despedido hacia el cielo. Y nunca más se lo volvió a ver.
Nadie más ha vuelto a ver al gigante, aunque se dice que en las frías noches de invierno puede oírse su aliento en la ventisca.




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domingo, 28 de abril de 2013

MITOLOGÍA ESQUIMAL: EL ORIGEN DE LOS VIENTOS.



En un momento en el que el mundo era joven y todavía no existían los vientos, una pareja, que vivía junto a la desembocadura del río Yukón, se lamentaba por no tener hijos. Pasaban el tiempo imaginando cómo sería estar rodeados de niños.

Una noche, la mujer tuvo un extraño sueño. En él se le acercaba un trineo tirado por tres perros (marrón, negro y blanco, respectivamente). Al llegar a la puerta, el conductor bajó y le pidió que lo acompañara. A pesar del miedo, la curiosidad pudo más, así que siguió al extraño. Entonces, el trineo comenzó su viaje por el cielo. La mujer ya no temía nada, pues de había dado cuenta de que el conductor era el mismo Igaluk, el Espíritu de la Luna, que, en ocasiones, consolaba a los afligidos.

El trineo descendió para que los tres perros descansaran. A uno y otro lado sólo se extendía el hielo, interrumpido por un solitario árbol.

Igaluk le aconsejó que hiciera un muñeco con ese tronco. Entonces, la mujer despertó del sueño. Extasiada, llamó a su esposo y le contó lo ocurrido mientras él se frotaba los ojos medio dormido. Después de decir que sería una tontería, porque nada más tendrían un muñeco, se dio media vuelta para continuar  durmiendo. Sin embargo, su esposa insistió tanto que, por no oírla, tomó el hacha y marchó en busca del árbol.

 Siguió un sendero que brillaba tal como la luna llena. Anduvo y anduvo hasta que algo lo deslumbró. Se acercó al objeto brillante: ¡el árbol! Lo taló y se lo llevó a casa. Allí tallaba una figura mientras la mujer tejía un trajecito. Cuando el muñeco estuvo terminado, lo vistió y lo sentó en el banco. El hombre talló con la madera restante una vajilla de juguete y un cuchillo. La mujer llenó los platos de alimento y lo dejó frente a la figura de quince centímetros.

Tras las quejas del hombre por toda aquella tontería y pérdida de tiempo, se fueron a dormir. Al rato, unos silbidos despertaron a la mujer. La pareja fue a ver al muñeco. ¡Se había comido toda la comida! ¡Se movía y respiraba! La mujer lo cogió en brazos y lo acunó con cariño. Jugaron con él hasta que el sueño los atrapó.

Al despertar, la figura había desaparecido. Siguieron las huellas hasta la salida de la aldea. Allí desaparecían. Entristecidos, volvieron a casa.

El muñeco caminaba por el sendero brillante que antes había pisado el hombre. Miró al cielo y vio un agujero tapado con una piel. Con curiosidad, sacó el cuchillo y cortó las cuerdas que ataban la piel. Una poderosa corriente de viento entró. Arrastraba animales. El muñeco echó un vistazo por el agujero. Al otro lado había un mundo muy parecido, con montañas, árboles y ríos.

Volvió a tapar el agujero mientras decía al viento que unas veces soplaría fuerte; otras, suave; otras no soplaría.

Anduvo hacia al sur. Allí encontró otro agujero cubierto con piel. Volvió a hacer lo mismo. Se coló un viento más cálido que trajo otros animales y plantas. Cerró el agujero y continuó hacia el oeste.

Allí hizo lo mismo, pero del agujero salió una enorme tormenta, porque al otro lado había un océano. Tapó la abertura con prisa y continuó hacia el norte.

Pero allí  hacía tanto frío que no se atrevía a abrir el agujero. Al final lo hizo y entró una bocanada de aire helado y nieve.

Después llegó al centro de una gran llanura. Contempló el cielo, que se abombaba en aquel punto. Había recorrido todo el mundo, así que volvió a la aldea.

Ya en casa, contó a sus padres sus aventuras y cómo había introducido a los vientos. Era una gran noticia, pues con ellos venían animales y una buena caza. Era una gran suerte. Desde entonces se honró al muñeco en festividades. Los chamanes hicieron muñecos a sus hijos, pues éstos llevarían la felicidad a quienes los cuidaran.
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domingo, 15 de enero de 2012

RELIGIÓN ESQUIMAL: EL MITO DEL ORIGEN DEL MUNDO.



E
n el conjunto de creencias esquimales, abundan los espíritus (mar, luna, aire, animales), por lo que procuraban no ofenderlos. Además, confluyen mitos de esta cultura con la del resto de los indios americanos (de los bosques, de las praderas, pueblo).

Según los esquimales, al principio solo había una extensa oscuridad y silencio (como en el resto de las culturas, por ejemplo en la africana, en la griega y en la china).

Surge un pequeño cuervo que, por donde pasa, da lugar a la vida. Algo brillante llama su atención y escarba el suelo para hacerse con un poco de mica. De ahí surge el cielo.

Curioso resulta que el hombre, a diferencia de otras religiones, aquí no surge del barro (eso lo dejan para los animales), sino de una vaina de guisante. La mujer, en cambio, es moldeada a partir de la mezcla de hierba y barro.

El cuervo enseña a construir armas para cazar, pero advierte a los jóvenes humanos que no lo hagan mucho. Sin embargo, la codicia conduce a los humanos a desobedecer. Enfadado, el cuervo los castiga ocultando el sol y dejando a los seres humanos en tinieblas. Con todo, se apiada de vez en cuando de ellos y les muestra el sol.

Esa oscuridad posiblemente es lo que hizo que Sedna cayera al agua y se helara. Primero se partió una falange, que origina una foca; la segunda falange rota se convierte en una morsa; la tercera, en una ballena.

Sedna se transforma en espíritu marino que odia a los hombres a causa de la crueldad de su padre. Por eso produce las tormentas. Para apaciguarla, los hechiceros han de llevar a cabo un peligroso viaje con el fin de peinar sus cabellos para tranquilizarla.

Importancia para la vida era la presencia del viento, pero al principio del mundo no existía. Es el espíritu de la Luna, que desea ayudar a los seres humanos, quien hace un agujero en el cielo, que protegerá con una tapa de piel, del que va a salir el aire. Al otro lado hay otro mundo.

Gracias a los vientos, aparecen las aves, los animales terrestres y comienzan las corrientes marinas.

¿Cómo surgen las montañas? En el norte, se creía que existían unos enormes gigantes cuyas cabezas estaban ocultas por las nubes. Un pecado fue castigado con una severa pena: se convertirían en montañas, enterrándoles las piernas bajo el suelo. Intentando escapar, mueven éstas, produciendo los terremotos.

Caballo Loco.
Como puede ver, lector, en este  resume sobre las creencias esquimales existen coincidencias con otras religiones que muchos han denominado poligénesis; es decir, hay algo en el ser humano que da lugar a repetir los mismos patrones en culturas de diferentes lugares y épocas. Sin embargo, otras teorías apuntan a la existencia de una convivencia con extraterrestres en un tiempo antiguo. Los sucesos ocurridos entonces se explicarían por la infantil cultura humana como bien puedo entender. Que cada cual es libre de creer una u otra de las hipótesis.


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