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domingo, 17 de enero de 2016

MITOLOGÍA DE INDIOS NORTEAMERICANOS: PERSIGUIENDO MARIPOSAS.


Mientras su marido había ido a pescar, ella, sentada sobre el suelo de la cabaña, molía bellotas. En la aldea, las mujeres estaban atareadas, pero nuestra protagonista no quería unirse a ellas y oírlas chismorrear. También inquieto, su pequeño gateó hasta ella y llamó su atención. La mujer decidió salir de allí y pasear por las colinas, donde, mientras recogería raíces, oirían cantar a los pájaros.

Mitología amerindia
Cuando la mujer estaba acalorada de tanto subir, dejó el cesto con el niño en el suelo. Éste se entretuvo con una mariposa que le acariciaba el rostro con las alas, pero que no se dejaba atrapar. La mujer intentó una y otra vez hacerse con ella para su hijo, pero éste, bajo el sol, se había quedado dormido. El procurar coger a esa escurridiza mariposa se había convertido en un reto, así que persiguió y persiguió al insecto durante horas hasta que no pudo más y, sin saber dónde estaba, se quedó dormida.


A la mañana siguiente, la despertó un roce en su brazo. Al abrir los ojos, vio a un hombre joven que decía ser la mariposa a la que había seguido el día anterior.  Éste le preguntó que si quería hacerlo siempre. Y al oír la respuesta afirmativa, aseguró que la llevaría al país de las mariposas. Sin embargo le advirtió que el camino era peligroso y que ningún humano lo había conseguido. Le aconsejó que se sujetara a su cinturón y que no levantara  la mirada del suelo bajo ningún concepto.  Ella prometió hacerlo, pero en un momento determinado, gran cantidad de mariposas revolotearon a su alrededor, se enredaba entre su cabello… se le olvidaron las advertencias del hombre mariposa y alzó la vista. Sin darse cuenta, sus dedos dejaron de asirse al cinturón del guía, que siguió avanzando. Corrió tras él, pero otra mariposa llamó su atención. Mientras iba persiguiendo a una y a otra, el hombre desapareció. La mujer parecía hechizada por las mariposas. Corrió tras ellas hasta que agotada, cayó al suelo fulminada.



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domingo, 12 de julio de 2015

MITOLOGÍA AMERINDIA: EL ÁRBOL DEL SUEÑO.



Caminaba un día por el bosque Uaicá cuando se topó con un hecho extraño: numerosos animales dormían bajo un gran árbol. Se acercó para inspeccionar con más detalle, pero, una vez estuvo bajo la copa, un sopor invadió su cuerpo y se quedó dormido entre las otras criaturas.
Pronto comenzó a soñar y se le apareció uno de sus ancestros, Sinaá, por el que descubrió muchos secretos.  Despertó al anochecer y, entusiasmado volvió a casa, pero regresó al día siguiente y al otro. Y así día tras día su ancestro le iba revelando información privilegiada hasta que le aconsejó que no volviera más, pues corría peligro. Por eso, cuando despertó, Uaicá, miró apenado el árbol, como para recordarlo el resto de su vida. Decidió extraer un poco de la corteza. Hizo un brebaje con parte de ella y se lo tomó. Comenzó a danzar, a saltar y cayó al río. Allí se puso a pescar con sus manos y, al final, se le pasaron los efectos.

Aunque ya no volvió al árbol, durante un tiempo estuvo tomando aquella infusión de corteza hasta que se terminó ésta. Para entonces ya poseía muchos de los poderes del árbol, por lo que os vecinos lo visitaban para que los curara. Así fue cobrando fama.
La vida lo sonreía hasta que decidió tomar como esposa a una mujer iracunda y violenta. Era tan pendenciera que la madre de Uaicá la echó del hogar. El trato pareció humillante a la familia de la mujer y decidió vengarse asesinando a Uaicá. Cuando éste volvió tras haber, como de costumbre, pescado con sus manos,  y se encontraba sentado a la mesa, el cuñado se propuso atacarlo con una pica por la espalda; pero Uaicá todo lo veía y supo esquivar el golpe. Tras esto, la casa y la siembra desapareció, dejando a la familia de la esposa aturdida.
Un tiempo después descubrieron que la casa había aparecido en otra localización. Uaicá, al verlos,  los aceptó como si nada hubiera pasado. Sin embargo, poco después, el cuñado volvió a intentar asesinarlo por la espalda cuando Uaicá estaba comiendo sobre una roca. Éste volvió a esquivar el golpe, pero, antes de desaparecer otra vez, advirtió que no le desvelaría los secretos que conocía y que nunca más volvería. A continuación, se introdujo en la roca y se dice que allí habita todavía arrastrando al mundo de los espíritus aquel que decida tocar esa piedra

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domingo, 6 de julio de 2014

CREACIÓN DEL MUNDO SEGÚN LOS NAVAJOS

Para los navajos la creación del mundo sufrió cuatro momentos: en el primero, se relata el ascenso de los hombres desde el inframundo a la tierra; en el segundo, la época del héroe animal, se muestra cómo se ordenó el mundo y se cuentan las aventuras de los primeros habitantes; en el tercero, la Edad Divina, se narra la matanza de los monstruos; en el cuarto, se explica cómo surge la tribu de los navajos.





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domingo, 23 de febrero de 2014

MITOLOGÍA AMERINDIA: GRAN TORTUGA.


Como todos los domingos, una entrada a la mitología. Este pequeño relato de hoy va dedicado a dos pequeños que acaban de nacer y que, por la cercanía a los padres, considero sobrinos.

Algunas tribus del este norteamericano consideraban que en un principio las personas habitaban el cielo, pues la tierra estaba inundada. En esas aguas sólo vivían aves, peces y animales marinos.
Cuentan que una mujer que vivía en el cielo enfermó. Por mucho que el chamán intentó curarla, resultaron inútiles todos sus intentos. Sólo le quedaba un remedio por utilizar. La base de éste era la raíz de manzano. La familia se dirigió al árbol y, con sus manos, comenzó a cavar cada uno. Habían hecho un hoyo en torno al manzano, pero no hallaban la medicina. Siguieron excavando un poco más. La medicina continuaba sin aparecer. Desalentados, salieron de la enorme zanja. Estaban descansando cuando, de pronto, un estruendo llamó su atención: ¡los bordes del hoyo empezaban a hundirse! El padre y los hermanos se echaron hacia atrás, pero la muchacha, muy débil por la enfermedad, no pudo hacer ningún movimiento para salvarse. Cayó junto al árbol.
Abajo, en el agua, dos cisnes se sobresaltaron por el ruido. Aleteando, levantaron las cabezas y vieron caer tanto al árbol como a la muchacha. Temieron que ésta se ahogara, de modo que la recogieron. La joven se había salvado, pero el manzano se hundió sin remedio en las aguas.
Pasado un rato, los cisnes sintieron cansancio y el peso de la humana. No podían seguir eternamente con ella al lomo. ¿Qué harían? Decidieron reunir el consejo de animales, que presidía la Gran Tortuga. Todos los animales pensaron y pensaron. Los cisnes no podían llevarla por más tiempo, pero tampoco podían dejar que se ahogara. ¡Había que buscar un buen lugar para ella! Nada. Ninguno de los presentes tenía ninguna idea.  De pronto, la Nutria alzó la cabeza con un sobresalto. Se le había ocurrido algo.


—Tal vez, si encontráramos el árbol que cayó junto a ella, pudiéramos construir una isla con la tierra de las raíces.
A la Gran Tortuga le pareció una maravillosa sugerencia. Y se presentó voluntaria para sostener la isla sobre su concha en el caso de poder crear la ínsula.
La propia Nutria, que era la que mejor nadaba de todos los animales del consejo, se sumergió en la aguas a fin de buscar el manzano.
Pasó un largo tiempo que hizo preocupar a todos. Por fin, apareció la Nutria. Pero no había hallado el árbol. Todos bajaron la cabeza y soltaron un suspiro de decepción.
El Castor decidió sumergirse. Y, así, uno a uno todos los animales, fracasaron en su intento. Ya no quedaba nadie.
Entonces, oyeron una vocecilla que pedía que lo dejaran probar, que la dejaran conseguir tierra. Era el Sapo, tan pequeño que nadie se había fijado en él. Una gran carcajada fue la respuesta del resto de los animales hasta que la Gran Tortuga les ordenó guardar silencio.
El Sapo tomó aire y se sumergió. El resto de los animales hizo un círculo en torno al lugar por donde había desaparecido el Sapo. Pasó tanto tiempo, que todos pensaron que había muerto y empezaron a apartarse. Entonces, apareció una burbuja. Luego, otra. Y así hasta que salió el Sapo. Éste abrió la boca y dejó caer la tierra que llevaba sobre la concha de la Gran Tortuga.  A continuación murió. Los animales ayudaron a extender la tierra sobre la concha. Los cisnes condujeron a la muchacha hasta allí. Pero la tierra continuó extendiéndose y extendiéndose hasta ser el mundo que hoy conocemos.
Para los indios americanos todavía caminamos sobre la Gran Tortuga. Cuando ésta se cansa y  cambia de posición, se produce una gran sacudida: un terremoto.

Además, el Sapo, que murió por conseguir la tierra, es adorado por los indios. Recibe el nombre de Mashutaha (<<nuestra abuela>>). Por eso no se le hace ningún daño.


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domingo, 1 de diciembre de 2013

MITOLOGÍA DEL AMAZONAS: POR QUÉ NO SE PEGA A LOS NIÑOS.


En la aldea hubo una fiesta nocturna en la que participaron los padres. Mientras ellos se divertían,  los niños estaban en las chozas. Pero una pequeña salió por la ventana y se acercó a la fiesta. Los adultos bebían y bebían. La niña contempló a su propia madre bebiendo  gran cantidad de cerveza de maíz y tambaleándose. Los ojos de la mujer se cruzaron con los decepcionados de su hija. Enfadada, la madre golpeó a la pequeña y le dio empellones hasta que volvió a introducirla en la choza.
Muy resentida y entre lágrimas, la niña contó todo a sus compañeros. De pronto, la puerta se abrió y los niños salieron fuera, bajo la luz de la luna. Los pequeños formaron una fila y se agarraron a la cintura del que tenían delante. A pasito y pasito, acompañados por un nuevo ritmo, la fila fue aumentando con todos los pequeños de la aldea. Seguían cantando cuando salían de la aldea. Entonces, comenzaron a elevarse por los aires entre danzas y canciones, hasta que desaparecieron en la oscuridad de la noche. Surgieron nuevas estrellas.

Una vez terminada la fiesta, los padres volvieron a sus casas. Sin embargo, estaban vacías.  Lloraron y lloraron la desaparición de sus hijos y prometieron que nunca más golpearían a sus hijos. Es por ello que la tribu tapui de El Amazona nunca maltrata a los niños.

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domingo, 16 de junio de 2013

MITOLOGÍA DE LOS INDIOS AMERICANOS: SIETE HERMANAS.


Una tarde de verano, un joven fue a pescar al lago. Cuando ya estaba cayendo el sol, decidió recoger para marcharse. Entonces  oyó un hermoso canto. Miró a su alrededor, pero no vio nada. Su vista se alzó. Del cielo descendía  una cesta. El joven se ocultó con el fin de descubrir el misterio. En poco tiempo, el cesto tomó tierra y de él salieron siete muchachas que cantaban y danzaban con suaves movimientos. La belleza de las mujeres, de su baile y de su voz dio lugar a que el joven se uniera al canto. Las muchachas, asustadas, corrieron hasta la cesta, que se elevó por los aires hasta que no se pudo atisbar desde la tierra.

El día siguiente el joven lo pasó pensando en aquellas preciosas mujeres vestidas de blanco y de dulces voces y movimientos. Decidió volver al lago. Esperó oculto entre la vegetación. Volvió a sonar la canción. Contempló cómo descendía la cesta y, después, cómo salían de él las muchachas. Todas eran hermosas, pero lo hechizó la más pequeña. Quiso verla más de cerca, mas sus pies toparon con una pequeña rama en el suelo. El crujido espantó a las muchachas, que huyeron a toda prisa.

Al atardecer siguiente volvió a ocupar su lugar. Sin embargo las jóvenes tardaban en bajar. ¿Las habría asustado y ya no volverían? De pronto, escuchó la música. Esta vez salieron del cesto agrupadas, mirando de uno a otro lado como si quisieran comprobar que allí no había nadie. Una de ellas indicó que parecía que todo estaba tranquilo, pero le asustaba aquella voz que se había unido a ellas y el ruido de la noche anterior. ¿Y si las espiaban? Otra consideró que la voz sólo era el sonido del viento; el ruido, un animalillo.

Más tranquilas, comenzaron a danzar y cantar de nuevo. Mientras, con cuidado, el joven se fue acercando a ellas. Cuando la muchacha de la que se había enamorado estaba más lejos de las demás, la tomó de un brazo. Las otras corrieron hacia el cesto llamando a la que había sido atrapada. Ésta logró escabullirse y agarrarse al borde, pero el joven la volvió a atrapar y la sujetó con fuerza. La muchacha se vio obligada a soltar la cesta. Cayó, junto a su captor, al suelo.

Una vez allí, ella le pidió explicaciones. No entendía  con qué intención la había separado de sus hermanas. El joven declaró su amor y su intención de casarse con ella. La muchacha se tranquilizó y explicó que no podía permanecer en la tierra. Sus hermanas y ella eran las Pléyades, las hijas del Sol y la Luna. Tenía que volver al cielo. El joven le pidió que le permitiera ir con ella. Fue entonces cuando la muchacha confesó que bajaban a la tierra a bailar a escondidas. Su padre se enfadaría. Al final, el joven la convenció para que le dejara subir con ella e intentar convencer al mismo Sol.

La muchacha empleó el viento para enviar un mensaje a sus hermanas pidiéndoles que volvieran a bajar el cesto.

Así, a la tarde siguiente, la pareja subió al cielo.

Las Pléyades.
El Sol enfureció al enterase de que sus hijas habían desobedecido su prohibición de bajar a la tierra. Entonces intervino el joven de manera elocuente. El astro aceptó el matrimonio, pero, con la finalidad de que no sucediera otra vez algo parecido, desterró a todos a la parte más alejada del cielo. El joven pidió poder visitar la tierra de vez en cuando. El Sol se lo permitió sólo a la nueva pareja.


Y así, las siete hermanas fueron obligadas a instalarse en el lugar más lejano del cielo. Algunas veces los esposos viajan a la tierra. Por eso  se ven seis estrellas en las Pléyades.

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domingo, 16 de septiembre de 2012

MITOLOGÍA AMERINDIA: NACIMIENTO DE LOS HOMBRES SEGÚN LOS YANOMAMI.


Hoy os traigo un mito curioso de la civilización amerindia sobre la creación del mundo y del ser humano. Espero que os entretenga.




Según los yanomami (sur de Venezuela), los hombres proceden de la sangre derramada de Periboiva (“Espéritu de la luna”). Como han nacido de él, esos hombres se dedican a luchar entre sí.

Tiempo después, uno de aquellos hijos dio a luz a hombres y mujeres más sencillos de dominar.

Uno de los grupos de este pueblo amerindio considera que todo se originó con Omama, el dios creador. En el origen de los tiempos existían dos niveles en el mundo, aunque ahora hay tres. Este tercero surgió en el momento en el que el nivel superior se desgastó, desprendiéndose una enorme porción en la que vivían dos hombres. Uno de ellos, Omam, mientras pescaba, sacó del agua a una mujer sin genitales (sólo tenía un minúsculo orificio). El hombre los formó con los dientes de una piraña. Después, engendró numerosos hijos con ella. Esos vástagos eran los antepasados de los Yanomamo.

El resto de las razas se crearon con la neblina que manipuló un ave para que aparecieran hombres de diferentes colores.
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domingo, 2 de septiembre de 2012

MITOLOGÍA AMERINDIA. MITO LAkOTA DE LOS ORÍGENES DEL MUNDO.




Según una narración lakota (indios norteamericanos), el espíritu de Wakan Tanka (Gran Misterio) se encontraba en el primer día, Inyan (Roca). Salvo Han (Negro de oscuridad) nada más existía. Inyan  estaba impaciente por mostrar sus poderes, pero no podía enseñárselos a nadie más. Por eso, con su propia sangre, creó a Maka (Tierra) y las aguas, de donde surgió la bóveda celeste Skan. Éste fabricó el Sol (Wi) que brilló y calentó el mundo por el orden de Skan. Los cuatro dioses se reunieron y observaron que todos procedían de Wakan Tank, de modo que cada uno de ellos representaba una faceta de él.

Las divinidades se sentían solas, por lo que crearon  otras manifestaciones del dios.

Primero crearon las divinidades asociadas, a saber: Luna, Estrella Fugaz y Ave Trueno; después a los dioses afines (hombres, osos, búfalo, Cuatro Vientos y Torbellino).

El último grupo lo conformaban los seres semejantes a los dioses, que se vinculaban a lo espiritual y sagrado. Pertenecen a éste: Nagi (fantasma de los muertos), Nagila (semejante a una sombra), Niya (vida o aliento) y Sicun (poder espiritual).

Estas cuatro facetas o Tob Tob (cuatro – cuatro) son las manifestaciones de Wakan Tanka.
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domingo, 5 de agosto de 2012

MITOLOGÍA AMERINDIA: CREACIÓN DE LOS SERES HUMANOS II

Leer antes: MITOLOGÍA AMERINDIA: CREACIÓN DE LOS SERES HUMANOS I

Un relato que se extiende entre los diferentes pueblos amerindios es aquel que cuenta que al principio eran las mujeres las que gobernaban. De hecho, los hombres eran los que padecían la menstruación.

Enfadado, según narran los tupis (Brasil) el Sol cambió las cosas. Para ello hizo que una virgen (Ceucy) quedara encinta por la sabia de un árbol. Ésta, tiempo después, dio a luz a Jurupari, que despojó a las mujeres de su poder y se lo entregó a los hombres.

Imagen tomada de internet.

Leer también: RELIGIONES DEL MUNDO


Prohibió que ellas participaran en el gobierno, amenazándolas con la muerte. Por otro lado, ordenó a los hombres que hicieran celebraciones con el fin de conmemorar su poder.


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domingo, 3 de junio de 2012

MITOLOGÍA AMERINDIA: CREACIÓN DE LOS SERES HUMANOS I.



En torno al Amazonas subsisten algunos pueblos que conservan sus creencias, que plagadas de sabiduría espiritual, nos resultan mágicas. De cualquier modo, cada tribu posee su propia versión de la creación de los seres humanos.

Para los chibcha (Colombia) fueron el sol y la luna quienes crearon al primer hombre (modelando el barro) y a la primera mujer (con cañas).

Otros pueblos (de la zona de Choco) afirman que la primera raza fue aniquilada por los dioses a causa de su canibalismo. A ésta siguió otra sociedad que fue transformada en animales. La última estaría fabricada con barro.

En cambio, culturas como la de los varao (Orinoco) y los toba (Gran Chaco) consideran que, en un principio los seres humanos residían en el cielo, mas bajaron a la tierra para hacerse con animales de caza. Entonces, quedaron atrapados, viéndose obligados a quedarse aquí.

Hasta aquí la sesión de mitología de hoy. Otro domingo continuaremos con la mitología amerindia en torno a la creación de los seres humanos.
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