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domingo, 17 de noviembre de 2013

MITOLOGÍA ESLAVA: MARYA MOREVNA.

Un día que el príncipe Iván iba cabalgando por el bosque se topó con los cadáveres del ejército del ogro Huesos Viejos el inmortal. Había sido derrotado por Marya Morevna.
Iván continuó su camino. Entonces se encontró con la reina Marya Morevna, de la que se enamoró.
Una vez casados, ella debía volver a la guerra, pero, antes de hacerlo aconsejó a su marido que nunca entrara en una habitación que permanecía cerrada en su palacio.
Sin embargo, cuando ella se marchó, la curiosidad dirigió los pasos de Iván hacia ese cuarto. Al abrir la puerta, encontró a un anciano encadenado e introducido en un recipiente sobre el fuego. Apiadado, Iván le dio agua para que bebiera. De pronto, el anciano recuperó todas sus fuerzas, destruyó las cadenas y volvió a ser el poderoso Huesos Viejos. Se hizo con el príncipe y lo llevó a su propio castillo.
Un emisario dio la noticia a Marya Morevna, que dirigió su montura a fin de rescatar a su marido. Tan centrada iba en salvar a su amado, que no percibió que entraba en una emboscada organizada por los seguidores de Huesos Viejos. Cuando se dio cuenta, ya resultaba demasiado tarde y no tuvieron piedad con ella. La descuartizaron.
Mas, cuando parecía que todo estaba perdido, los cuñados de Iván (un halcón, un águila y  un cuervo) marcharon en busca de Marya Morevna. Mojaron los pedazos de la mujer con agua de vida y la reina volvió a la vida.
Se dio cuenta de que para salvar a su marido necesitaba un corcel más rápido que el de Huesos Viejos. Tenía que conseguir el de la bruja Baba Yaga. Para ello debía cruzar un río de fuego. Sabía el secreto: ondear tres veces una prenda mágica. Así lo hizo.
Una vez en la choza de la siniestra anciana, Marya Morevna pidió el caballo. La bruja sólo se lo daría si pastoreaba durante tres días a sus corceles y tenía éxito. Si no era así, pondría su cabeza en una pica para formar parte de la cerca de calaveras.
A pesar de las condiciones, la reina consiguió pastorear. La bruja le dio, entonces, a elegir entre los caballos, pensando que la mujer caería en la trampa y seleccionaría uno de los de mejor presencia. Sin embargo, Marya Morevna, aconsejada por la abeja reina, pidió un caballo sarnoso que se rebozaba en el barro. La bruja había ocultado que ese caballo podría dar la vuelta al mundo en un día, tal era su velocidad. ¡Con éste sí que alcanzaría a Huesos Viejos!
La reina, con ayuda del pañuelo mágico, volvió a cruzar el río de fuego. Sin embargo, la indignada Baba Yaga la persiguió y cayó en él. Con lo que la bruja murió abrasada.
Pero Marya Morevna ya estaba muy lejos para enterarse de la suerte de la anciana. Sobre el corcel de fuego –que era el verdadero aspecto del caballo sarnoso- había llegado al palacio de Huesos Viejos, rescatado a su marido y huido.
El ogro los perseguía cuando su corcel se encabritó y lanzó al jinete contra el suelo. Fue tan duro el golpe que Huesos Viejos se rompió la cabeza.
Sin fiarse, y aprovechando el momento, Marya Morevna lo remató con su espada. Después quemó el cadáver y esparció las cenizas con el fin de evitar que volviera a la vida.

Una vez hecho todo esto, regresó al palacio con su marido y celebraron un gran banquete al que invitaron a todo el mundo.


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domingo, 28 de julio de 2013

MITOLOGÍA ESLAVA: LA DONCELLA DE LAS NIEVES.

Este es uno de los relatos que me gustaban de pequeña. Os contaré la versión que conozco, aunque es posible que la tradición oral conserve otras.

La Doncella de las Nieves era hija de la Hermosa Primavera y de un anciano, Helado Nariz-Roja.  Vivía con su padre en el Reino Helado. Al cumplir los dieciséis años, el dios sol, Yarilo, la descubrió y la descongeló.

Los padres discutieron sobre cuál habría de ser el destino de la joven. Hermosa Primavera deseaba que su hija fuera libre, pero Helado Nariz -Roja temía lo que pudiera hacer el sol. Al final decidieron dejarla al cuidado de una pareja de ancianos.

Una mañana, dicha pareja paseaba como el resto de los días. El anciano paró para hacer un muñeco de nieve (en la lengua eslava sería "muchacha de nieve"). Entonces, los labios del muñeco se tornaron rojos y de la nieve surgió una muchacha de unos dieciséis años.

El sol derritió la nieve y dejó que brotara la verde hierba. La Doncella de las Nieves se ocultó en la gélidas sombras.

Un día la insistencia de las jóvenes del pueblo la convenció para coger flores, cantar y bailar. Un pastor tocó y danzó con ella. Desde entonces la visitaba todos  los días, más ella no respondía a sus requiebros, pues su corazón de hielo no le permitía amar. El joven pastor dejó de esforzarse y marchó con otra muchacha del pueblo. Eso dolió a la Doncella de las Nieves. Decidió correr hacia un lago del bosque para pedir a su madre que tornara su gélido corazón en uno humano, ya que amar resultaba más preciado que una vida eterna.

Compadecida, la divinidad puso una corona de lirios en la cabeza de su hija y le aconsejó que no  se expusiera  al Sol. La Doncella de las Nieves salió corriendo en busca del pastor. Al encontrarlo, le declaró su amor. Poco a poco el Sol iba ascendiendo en el cielo. En su ensimismamiento, la Doncella de las Nieves no se percató hasta que un rayo solar le hizo proferir un alarido de dolor. Sabiendo que serían sus últimos momentos, pidió al pastor, Lel, que volviera a tocar su canción. Mientras sonaba la melodía, el cuerpo de la muchacha se iba hundiendo en la tierra hasta que sólo quedó la corona de lirios.

Desde entonces, el Sol besa la tierra helada para que surjan las flores mientras que el pastor espera que las nieves le devuelvan a su amada.

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