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sábado, 7 de noviembre de 2015

COMENTARIO DE "VINO PRIMERA PURA…" DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


Vino primero, pura,
Vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
Juan Ramón Jiménez

A continuación va a realizarse un comentario pragmático del poema <<Vino primero pura (…)>>. Ha de recordarse antes de comenzar que la Pragmática es una disciplina relativamente joven que se centra en el uso de la lengua, en una situación comunicativa concreta y no como elemento aislado. Ha de tenerse presente que el enfoque pragmático incluye todos los niveles lingüísticos, de manera que vamos a analizar el texto desde su plano fónico-gráfico, morfosintáctico y léxico-semántico, así como tratar cómo han sido empleados por el autor. Por ello nos basaremos principalmente en Verschueren, en los modelos de comentario de Diez Borque y Lázaro Carreter y, específicamente para comentar poesía, en Luis Ángel Luján.

Por tanto nos disponemos a comentar la situación comunicativa del presente texto. Para ello vamos a centrarnos en las tres propiedades básicas del mismo: coherencia, cohesión y adecuación al contexto.

Comencemos con la coherencia. Ésta suele ser definida como un mecanismo que implica una unidad global significativa y aglutinante que articula todo el texto que analizamos. Así que incluye la intención y el tema. La primera se refiere a qué pretende comunicarnos el autor. En este caso, la intención de defender la poesía pura. De modo que el tema responde a esta intención, pues estos dieciocho versos giran en torno a la poesía. El emisor textual presenta la evolución de su propia creación poética en cuatro etapas: la primera, vestida de inocencia, se refiere a versos de influencia romántica; la segunda, donde la poesía se convierte en una reina/ fastuosa de tesoros, haciendo referencia a la etapa modernista; le sigue una transitoria de depuración, expresada mediante una metáfora que Mayoral denomina de genitivo (se quedó con la túnica/ de su inocencia antigua);por último, la llegada a la poesía pura, desprovista de adorno superficial (y se quitó la túnica/ y apareció desnuda toda).
Como puede comprobarse, tanto la intención como el tema vertebran el texto, por lo que conforman la coherencia global. Ahora bien, esta coherencia global supone también la elección de la estructura tanto externa como interna.
En lo que respecta a la estructura externa, nos hallamos ante un texto literario de género lírico formado por dieciocho versos de configuración libre. Ha de recordarse que, como afirma Isabel Paraíso,  aunque Juan Ramón Jiménez no es el primero en emplear el verso libre en el contexto hispano, sí constituye el motor y la mayor influencia. Lo utiliza como reflejo de la autosuficiencia del yo que lo conduce a la soledad para poder crear y encontrarse con la palabra, con lo que, como advertía Valente, hace sentir al lector un intruso. Se deshace de una métrica que constriñe para poder presentar su libertad creadora y su propia individualidad.
Internamente, el poema se organiza en dos bloques: por un lado, del verso uno al catorce (en el que presenta toda la evolución de su poesía); por otro, los cuatro últimos, donde la poesía aparece pura. Se sustenta, fundamentalmente, en la progresión temática de tema constante: la poesía, oculta por elipsis hasta el penúltimo verso.
Aunque hemos señalado que el tema principal es la poesía, oculta cuatro que José Ángel Valente consideró reiterados en Juan Ramón Jiménez; a saber: la soledad, perfección de la obra, ansia de eternidad y totalidad y misticismo intelectual. Cada uno de  los niveles lingüísticos se dirige a esos subtemas.




Partiendo de la intención del emisor-que es lo que motiva la comunicación-, hemos de analizar la adecuación y las diferentes decisiones que aquél ha tomado para que esta propiedad se dé. Para ello nos centraremos en el referente, el registro idiomático elegido, la función del lenguaje predominante, el código seleccionado, el tipo de texto y el contexto.

Si comenzamos con el referente, ya se ha indicado que el yo lírico reniega de su poesía anterior –adornada hasta convertirse en una reina/ fastuosa- a favor de una pura. Y esto nos conduce a una época concreta en la que se va abandonando el estilo modernista por la deshumanización de las vanguardias.
En cuanto al código empleado, es la lengua castellana escrita con un estilo depurado y sin grandes adornos aparentes. A pesar de ello, la función principal es la estética, ya que nos hallamos ante un texto que presenta la belleza del arte literario. De manera que pertenece, por temática (siguiendo a Adam), al literario. Discursivamente, aunque aparenta ser una narración de los hechos que lleva a cabo la poesía como agente, en realidad es una descripción que oculta una argumentación en referencia a la verdadera poesía, la pura, que destaca al final de la primera Guerra Mundial. Pero este no es el contexto que le interesa al emisor, sino que nos adentramos en su interior intelectual.

A continuación, vamos a hacer un análisis de los mecanismos de coherencia y cohesión empleados. Para ello, trataremos los siguientes instrumentos lingüísticos: las recurrencias fónicas, léxico-semánticas y sintácticas; la sustitución; la elipsis, la deixis, progresión temática, moralizadores y marcadores discursivos.

En primer lugar nos referiremos a la recurrencia fónica, es decir, la repetición acústica que incide en el significado del texto, en este caso el ritmo acentual y la reiteración del número de sílabas. Los versos, sin rima, se sustentan en la sonoridad, en el acento vinculado con la semántica. Según esto, ajusta el verso, que suele formarse en heptasílabos (algunos, como el doce, por restar una sílaba al ser esdrújula la última palabra), aunque también existen endecasílabos y eneasílabos. Navarro Tomas explicó la tendencia del verso libre de la repetición del cómputo silábico por dos causas: el conocimiento de la tradición y el grupo fónico primordial en castellano. Por otro lado, hemos de tener presente que el verso libre hispánico se desarrolla a partir de la silva modernista, constituida de manera aleatoria de heptasílabos y endecasílabos. Y de esta forma parte Juan Ramón Jiménez, según Paraíso.
El autor emplea dos veces el endecasílabo y parece hacerlo de manera consciente. Los dos aparecen en forma de exclamación. Téngase en cuenta que, según Quilis, el endecasílabo es el grupo máximo silábico del castellano y es considerado el más noble frente al basado en el de ocho, pauta de la poesía popular. Por esto, resulta lógico que decida emplear el endecasílabo en dos momentos clave del poema, donde, mediante exclamación, presenta su pensamiento poético sintetizado: primero reniega del adorno en el verso nueve (¡Qué iracundiade yel y sin sentido!) para terminar el poema con dos versos también exclamativos donde presenta la adoración por esa poesía pura (¡Oh pasión de mi vida, poesía […]!). Verso que refleja, de nuevo, la soledad del poeta para encontrarse con la poesía.
Por otro lado, el ritmo acentual resulta muy relevante y recae en palabras con semántica importante en el poema. Puede apreciarse que existe un choque entre bloques rítmicos frente a otros extrarrítmicos. El primero se vincula con una  sensación de sosiego y positividad, como sucede en los versos que hacen referencia a la poesía pura en la que cree. En cambio, el resto del poema se configura sobre una acentuación extrarrítmica para producir el desasosiego y el disgusto ante su poesía anterior, cargada de adornos.
Dos son los versos enfáticos sonde el acento recae en la primera sílaba. En el verso uno la atención se pone en vino, dejando cala la idea de que la poesía es agente. El otro verso enfático es el catorce, transición al final del poema y donde se pone la atención en el verbo en primera persona: creí.
No hemos de olvidar hacer referencia al empleo de encabalgamientos que aparecen en el poema. Están vinculados con el ropaje que connota adorno versal: una reina/fastuosa frente a poesía/ desnuda. Fundamental resulta este último por conseguir vincular el verso diecisiete con el último y dejar tanto poesía como desnuda en una situación privilegiada que se enmarca con la pausa interna del verso dieciocho mediante la coma.
Respecto a las recurrencias léxico-semánticas, se presentan de dos maneras: por un lado, mediante la repetición total de la palabra; por otro, a través de la sinonimia, antonimia, campos semánticos y recursos retóricos del nivel semántico. Inocencia, desnuda y túnica se repiten como palabras clave en un sentido connotativo en referencia a la poesía. Sin embargo, destaca el empleo de las metáforas. Para analizarla –aunque someramente a causa del límite de tiempo-, nos basaremos tanto en Mayoral como en Ruiz de Mendoza. Éste hace una síntesis y recopilación de otros estudios, como los de Lakoff o Grady. De esta manera podemos señalar que el poema se articula desde una metáfora impura que identifica una realidad de categoría inanimada con una de categoría animada (la mujer) de la que toma ciertos rasgos, según la clasificación de Mayoral. Así que, desde el criterio estructural, nos hallamos ante una metáfora de proyección simple, pues fundamentalmente toma la capacidad de vestirse y desvestirse (junto a la belleza) de la mujer para otorgársela a la poesía. Un concepto abstracto que se vincula con el físico de la mujer, por lo que, funcionalmente, es una metáfora ontológica. Según la motivación, es de parecido o imagen visionaria, aunque para muchos estudiosos, como Ricoeur, todas las metáforas lo son, pues la semejanza la establece el autor. Por la perspectiva, es compuesta o alegórica, ya que se continúa a lo largo del texto. Pero también orientacional, donde desvestirse se vincula con la pureza, la perfección y la belleza que lleva a la eternidad que busca el autor. En torno a esta relación se organizan el campo semántico de la vestimenta mediante formas verbales antónimas (fue vistiendo frente a fue desnudando), sustantivos como túnica, con la connotación de la transitoriedad hacia la desnudez. De ahí que se vea de manera peyorativa el adorno, el vestido y se emplee una metáfora de actitud degradadota: una reina/fastuosa de tesoros…

En cuanto a las recurrencias morfosintácticas, destaca la construcción enumerativa que configura el poema y oculta la evolución poética, los pasos que ha dado la poesía hasta llegar a la perfección, la pureza. De ahí la presencia de polisíndeton: y se quitó la túnica/ y apareció desnuda toda. Aparece al final, fundamentalmente, mientras que en el resto del poema se pausa el ritmo con puntos para representar la paciencia del yo y el trabajo intelectual. Ha de hacerse referencia al empleo del sustantivo abstracto inocencia, repetido al inicio y al final del poema y que se vincula con la familia léxica de desnudar. El otro sustantivo abstracto es poesía, que, aunque solamente aparece explícitamente una vez, ocupa un lugar relevante al final (cuando es realmente ella, pura, y el yo textual cree en ella), en el último endecasílabo exclamativo. En realidad aparece a lo largo del texto mediante elipsis que oculta la poesía metamorfoseada en mujer, al estilo de Bécquer. A ella se refieren los verbos, en pretérito perfecto en tercera persona, comenzando por ese vino del inicio del poema. También relevante son las perífrasis aspectuales de duración (fue vistiendo frente fue desnudando), lo que le da el significado de proceso y se vincula con una idea relacionada con la soledad a la que antes nos hemos referido: la paciencia creadora, el esfuerzo de pulir. Se presenta aquí el emisor como un yo que espera pacientemente. Queda implícita la importancia que otorga a la inteligencia para el proceso de la poesía por nombrar de manera específica y exacta en relación con ese esfuerzo de pulir y la paciencia de la espera que ya hemos relacionado con la construcción sintáctica. A la tercera persona protagonista del poema se unen los verbos en primera persona: fui odiando y creí. Téngase en cuenta el uso del perfecto como acción terminada y pulida que va a vincularse con el final del poema. Y es en esos dos últimos versos donde el yo tiene mayor presencia a través del adjetivo determinativo mi que acompaña a vida y el pronombre mía. Se vincula con tres temas: por un lado, nos recuerda que somos unos extraños que hemos irrumpido en su intimidad intelectual con la poesía; por otro, el ansia de eternidad; por último, la búsqueda de la belleza. Ve el tiempo como un fracaso contra la plenitud y considera que la vida humana es tiempo hacia la muerte. A fin de luchar contra eso, busca la eternidad en la belleza, de ahí el deseo de perfección. En consecuencia, en estos versos se presenta su poesía como cambiante hasta llegar a dicha perfección (la eliminación de adornos). Como puede apreciarse, se identifica belleza con eternidad, pues la palabra escrita es considerada negación del tiempo, pues perdura. Los dos últimos versos incluyen todo eso: ¡Oh pasión de mi vida, poesía/ desnuda, mía para siempre! Especial atención ha de prestarse al adverbio siempre, que ocupa un lugar principal y cierra el poema para dejar constancia de esa eternidad del poema y del yo mediante el mismo. Por otra parte, resulta interesante el contraste existente entre el empleo de una en una reina/fastuosa en referencia a la poesía recargada y modernista y los posesivos de primera persona de esos versos finales. Mientras que una se vincula con un implícito cualquiera, la poesía que aparece al final merece ya ser nombrada y hacerse concreta en esa posesión del yo. Recordemos que nos encontramos en su consciencia, como ya se ha comentado, de ahí los deíticos de persona.

Como tanto la elipsis (de tipo gramatical) de poesía como el fenómeno de sustitución (fundamentalmente mediante la metáfora) ya han sido comentados, pasaremos  a otro de los mecanismos para conseguir la coherencia y la cohesión en el texto: los marcadores discursivos. Para analizarlos nos basaremos en la clasificación de Casado Velarde, quien distingue los de función pragmática de los de función textual. Éstos son más relevantes en el poema, en especial los de orden, pues organizan el texto pero también se vinculan con el tema de la evolución de una poesía agente hasta llegar a la belleza, pureza y eternidad: primero, luego, llegó a ser, más, se quedó.

En conclusión, existe una serie de rasgos del texto (temas, subtemas, empleo del verso libre) que nos conducen a la poesía pura, cuyo principal defensor fue Juan Ramón Jiménez, quien, además, fue el maestro de los jóvenes poetas de la denominada Generación del 27. Éstos no sólo van a sufrir una primera etapa de poesía pura (recuérdese a Jorge Guillén o Ernestina de Champourcí, por ejemplo) sino que van a tomar también el verso libre en algunas de las composiciones. De tal manera que se inicia una regeneración versal que llega a nuestros días. Si Juan Ramón Jiménez parte de las silva modernista (basada en las gongorinas) que prefiere endecasílabos y heptasílabos, ese tipo de verso libre de base tradicional, según la clasificación que hace Isabel Paraíso, ha llegado a nuestros días pasando por las diferentes generaciones (de medio siglo, novísimos) hasta llegar a  la que se viene denominando la del 2000. Claro ejemplo del empleo de ese tipo de versificación la encontramos en autores como Ariadna G. García (Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández, entre otros) y Antonio Daganzo (Premio de Asociación de Editores). De modo que existe una conexión tanto con la renovación del veinte, pero también con toda la tradición del verso culto castellano desde sus orígenes en el siglo XV. En realidad, el verso libre (que no resulta tan libre) es la evolución del perfeccionamiento y dominio de la creación poética.






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martes, 8 de septiembre de 2015

jueves, 16 de abril de 2015

COMENTARIO DE TEXTO DEL POEMA “DIGO VIVIR”, DE BLAS DE OTERO.


Hoy vamos a recordar uno de los poemas de Blas de Otero, <<Digo vivir>>, que vamos a comentar de manera pragmática. Ha de recordarse antes de empezar que la Pragmática es una disciplina relativamente joven que se centra en el uso de la lengua, en una situación comunicativa concreta y no como elemento aislado.



Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

El enfoque pragmático incluye todos los niveles lingüísticos, de manera que vamos a analizar el texto en sus planos fonético, morfosintáctico y léxico-semántico, así como a tratar cómo han sido empleados por el autor.

Por tanto, nos disponemos a comentar la situación comunicativa del presente texto. Para ello, vamos a centrarnos en las tres propiedades básicas del mismo: coherencia, cohesión y adecuación al contexto.

Comencemos por la coherencia. Ésta suele definirse como un mecanismo que implica una unidad global significativa y aglutinante que articula todo el texto que analizamos. Así que incluye la intención y el tema.

La primera se refiere a qué pretende comunicarnos el autor. En este caso, la intención del yo de acercar la poesía a la realidad próxima, con lo que reniega de sus composiciones anteriores. En consecuencia, el tema responde a esta intención de crear una poesía útil y más cercana a la sociedad.

Como puede comprobarse, tanto la intención como el tema vertebran el texto, por lo que conforman coherencia global. Ahora bien, esta coherencia supone también la elección de la estructura, tanto externa como interna.

En cuanto a la externa, nos hallamos ante un texto literario de género lírico escrito en verso, concretamente un soneto, pues está dispuesto en cuatro estrofas (dos cuartetos y dos tercetos). Aunque este tipo de estructura poética fue creada en el siglo XIII por la escuela siciliana, veremos que tanto el contenido como el empleo de la lengua nos conduce a una época mucho más cercana.  A esto se suma que, desde el punto de vista de la forma discursiva, es una mezcla de descripción y argumentación.

Respecto a la estructura interna, el poema se puede dividir en dos partes de contenido (coherencia lineal): por un lado, los dos cuartetos contienen las causas de su decisión (desdeñar su poesía anterior, centrada en el yo, a fin de volver la vista a una sociedad que está sufriendo las calamidades de la postguerra); por otro, los dos tercetos, con dicha decisión. Y lo consigue, entre otras elementos, por el empleo de la progresión temática de diferentes tipos. Así, en:

hubiese de quedar de lo que escribo.
Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada
.

se hace patente el uso de la progresión temática constante, para luego sumarse la de tema derivado, donde se trata el mismo asunto, pero con remas diferentes (escribir, publicar).

Se añade, también, lo que Bernárdez ha denominado progresión de tema extralingüístico, en la que tiene que ver el conocimiento del mundo, de modo que se oculta el tema reiterado de las injusticias sociales.

Partiendo de la intención del autor —que es lo que motiva la comunicación—, hemos de analizar la adecuación y las diferentes decisiones que aquél ha tomado para que esa propiedad se dé. Con este fin, nos centraremos en el referente, el registro ideomático elegido, la función del lenguaje predominante, el código seleccionado, el tipo de texto y el contexto. Por ello haremos referencia a lo que Verschueren ha denominado imágenes de presencia, a partir de las teorías de Labov y Brown.

Si comenzamos con el referente, ya se ha indicado que el yo lírico reniega de su poesía anterior —más centrado en el yo— para crear una poesía de preocupación social y útil, porque vivir se ha puesto al rojo vivo, como indica en el primer verso, en una clara referencia al contexto en el que vive, la postguerra. Clara es la referencia a la censura: publicar, columna arrinconada. Por eso, como desea hacer una poesía práctica, de denuncia social que comprenda el pueblo, selecciona el estilo coloquial, como muestra ese giro del primer verso. En consecuencia, el texto presenta gran adaptación diafásica tanto al contenido como a la intención.

En cuanto al código empleado, es la lengua castellana escrita, aunque acerca elementos de la oralidad, como la frase hecha, el inciso del segundo verso o la palabra colorada.

Respecto a la función lingüística predominante, a pesar de la intención de ser claro y práctico, el texto sigue presentando la belleza del arte literario, por lo que destoca la función estética. A ésta se suma la expresiva, en tanto que muestra su pensamiento, además de una manera muy apasionada tanto en la forma como en el fondo. No hemos de olvidar que se centra en una realidad concreta, con lo que también utiliza la función referencial. Pero, además, es una llamada de atención, es un aviso de que vuelve con fuerza (apelativa).
Si pasamos a la adecuación del tipo de texto, ya se ha indicado que pertenece, por temática, al literario; por la forma elocutiva, a la descripción (ya que muestra su intención o propósito) y a la argumentación. Se observa claramente en la última oración del texto (además de los dos cuartetos): lo demás sobra.

El contexto de la situación está marcado por un ahora inmediato, lo que se vincula con el contenido y que se tematiza en el inicio del segundo terceto con ese adverbio. Pero esto nos conduce también al contexto mental, es decir, el conocimiento del mundo compartido por emisor y destinatario.

No hemos de olvidar las imágenes de presencia, que resultan importantes por partir de la idea de Labov sobre el principio social y las relaciones entre interlocutores como base para adaptar el texto y las decisiones tomadas para configurarlo.

Verschueren asegura que tanto el emisor como el destinatario se hacen dos preguntas (que pueden complicarse). El primero se basará en: ¿quién soy yo para hablar así? Y  ¿quién es él para que yo le hable así. En cambio, el destinatario se cuestiona: ¿quién soy yo para que me hable así? ¿quién es él para que me hable así? Una buena competencia comunicativa dará lugar a una adaptación a este principio social. Y el autor aquí se dirige a una inmensa mayoría, a un destinatario total, no a una elite, por lo que decide emplear un uso de la lengua cercano a la masa, destinataria ahora del asunto de su poemática.
A continuación, vamos a hacer un análisis de los mecanismos de coherencia y cohesión empleados.
En primer lugar nos referiremos a la recurrencia fónica, es decir, la repetición acústica que incide en el significado del texto, en este caso: la rima y el ritmo acentual, principalmente. Nos referiremos también a cómo juega con la pausa versal.
Respecto a la rima, se conforma como indican las pautas del soneto, es decir, rima consonante con esquema métrico ABBA ABBA CCD EDE. Resulta interesante la selección de las palabras en las que recae la rima (vivo, colorada, nada, estribo, fugitivo, arrinconada, airada, estribo, hombro, escombro, caballo, obra, brava, sombra) que recalcan la intención del contenido señalado.

En cuanto al ritmo acentual, destaca el yámbico extrarrítmico, muy relacionado con el apasionamiento que presenta el poema, así como con el tema tratado. Y ese apasionamiento se identifica también en el uso del encabalgamiento, en especial el abrupto que va del verso siete al ocho, que rompe la palabra airadamente.

En segundo lugar, pasemos a las recurrencias léxico-semánticas. Destaca, por un lado, la repetición de palabras clave, como vivir o vuelo, junto con el empleo de la derivación (escribir, escribo; morir, inmortal, muerte; vivir, vida). A esto se suman los recursos de la sinonimia (rojo, colorada) y antítesis (vivir, morir) y campos semánticos. Principalmente se utilizan los de la vida (rojo, sangre) y muerte (callaba, escombro), pero también aparece la escritura (escribir, obra, publicar). Es obvio el uso de la connotación en los mismos, con lo que, mediante la sugerencia —para lo que es relevante la competencia comunicativa del destinatario, así como el conocimiento del mundo compartido— se enriquece el significado.

Sobresale la metáfora del primer verso del terceto inicial: vuelvo a la vida con la muerte al hombro (elimina el tema existencialista, dominante en la primera época, pero, a pesar de no tenerla en sus textos como tema principal, queda como característico del ser humano).

Si pasamos a las recurrencias morfosintácticas, resulta destacable la anáfora de porque al inicio de cada uno de los dos cuartetos, con lo que focaliza la palabra. El autor está justificando su cambio de actitud poética. Aparecen también repeticiones sintácticas mediante el recurso del paralelismo en varias secciones del poema, como vuelvo a la vida con  vuelvo a mi ser, torno a mi obra o el existente entre  escribir es viento fugitivo/ y publicar, columna arrinconada, aunque exista una elipsis del verbo ser.

Destaca, además, el empleo de sustantivos (a los que se suman los infinitivos), algunos artículos o adjetivos determinativos (la muerte o mi obra) que concretan a aquél. Sin embargo,  existen otros que carecen de la compañía de esos actualizadores, como sucede en es viento fugitivo para constatar una realidad general (la censura).

Cabe añadir el empleo de oraciones compuestas (a pesar del aparente coloquialismo), principalmente causativas.

En cuanto a la sustitución, existe el uso de deíxis. En este punto sobresale la temporal con el empleo del adverbio ahora tematizado junto a los morfemas verbales de tiempo; el referencial, con el adjetivo determinativo mi, que indica al emisor, así como los morfemas verbales de persona y número.

Resulta evidente el empleo de la elipsis. Ya se ha comentado la del artículo y el verbo ser, pero también se da la del pronombre yo.


Todo esto nos conduce al siglo XX, a la potsguerra española y la poesía social de Blas de Otero. Ésta se da durante los cincuenta como reacción a su propia poesía existencialista de los cuarenta, centrada en el yo y en la angustia vital tras el trauma de la Guerra Civil.

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viernes, 6 de febrero de 2015

sábado, 24 de mayo de 2014

COMENTARIO DE TEXTO: LAS CANÉFORAS, DE SALVADOR RUEDA.

Hoy me he levantado modernista, pero no me apetecía comentar a Rubén Darío, ni siquiera al Machado, Valle o Juan Ramón Jiménez de la primera etapa de su obras. Suele afirmarse tajantemente que Rubén Darío trajo a España la lírica modernista, pero eso no es del todo cierto. Antes de que el poeta nicaragüense cruzara el océano y hechizara a los jóvenes autores antiburgueses o  Gente Nueva, había escritores que buscaban ya esas características modernistas. Destaca Salvador Rueda, malagueño que hizo la misma labor renovadora que por ese entonces llevaba a cabo Rubén Darío en Hispanoamérica (recordemos que influyó en un joven Manuel Machado). Sin embargo, acabará por imitar al propio poeta nicaragüense.
A pesar de que su poesía –acusada de gongorina en su época- se  caracteriza por el colorido, la musicalidad y temas variados, la realidad es que sus versos no son del todo cuidados. Hecho que lo desbancaría al llegar Rubén Darío.

A continuación, voy a comentar uno de sus poemas: Las Canéforas.

Deteniendo severo magistrado
su pie ante las canéforas preciosas,
mira en sus caras de purpúreas rosas
el pudor por carmines dibujado.

El temblador ropaje replegado
les da esbeltez de vírgenes graciosas
y llevan en las manos primorosas
ricas bandejas de oro cincelado.

Sobre el metal que espejeando brilla,
del sacrificio llevan la cuchilla
que al magistrado, cándidas, ofrecen.

Y le bridan también trigo flamante,
que en las caneas de oro rutilante
rubios granizos con el Sol parecen




Tras la lectura, que espero que hayáis hecho todos, voy a comentar el poema de manera somera. Para ello seguiré tanto los modelos de comentario de Díez Borque y Lázaro Carreter como la teoría de las funciones del lenguaje de Bühler y Jackobson. De modo que lo analizaremos mediante los niveles lingüísticos.
En primer lugar, ha de caracterizarse el texto. Es literario (presenta interés por la belleza del mensaje y el uso de extrañadores; es decir, que destaca la función poética), concretamente, pertenece al género lírico –en este caso en verso-, ya que constituye un soneto que destila sensaciones.
En cuanto al punto de vista de la voz, el yo lírico describe la preparación de un ritual grecolatino, siendo los personajes el magistrado y las vírgenes muchachas que portan bandejas con los utensilios del ritual. De modo que el tema se vincula con el Modernismo, pues resulta una huída de la realidad a otros mundos, especialmente el clásico. Esto puede percibirse también en el empleo de los cultismo grecolatinos.
Respecto a la estructura externa, se ha indicado más arriba que el poema se compone por dos cuartetos y dos tercetos de rima consonante que conforman el soneto. Por otro lado, según la estructura interna, resulta difícil dividir el texto, pues presenta una descripción gradual, de lo general a lo específico o concreto. Así, distinguimos tres partes; a saber: el yo lírico presenta a los personajes (primer cuarteto), se centra en las muchachas que portan las bandejas (segundo cuarteto) y, por último, la mirada  se dirige a dichas bandejas y su contenido (los tercetos: cuchillo, en el primero; trigo, en el segundo).
Si pasamos al análisis por niveles, comencemos con el fonológico, relevante en tanto en cuanto nos hallamos ante un texto en verso, por lo que presenta los siguientes elementos: pausa, acento, rima, estructura. Al observar la pausa versal, nos percatamos de la existencia de cierta esticomitia que otorga la sensación de lentitud, elegancia y misticismo a la descripción poética. Por otro lado, el acento estrófico es llano, par. Respecto al resto de los acentos, destaca el rítmico sobre el extrarrítmico, pero hay que mencionar que este soneto mezcla endecasílabos de distinto tipo: propio (tanto heroico como melódico), sáfico y mixto. Si tomamos en cuenta los acentos en grupos de tres, también existe mezcla del ritmo, aunque empieza con el sosegado anapéstico concluye con el dactílico.
En cuanto al nivel morfosintáctico, destaca el ámbito nominal sobre el verbal, en especial la adjetivación, cuyo uso se vincula estrechamente con la forma elocutiva empleada: la descripción.
Los sustantivos son concretos, bastantes veces sin un determinante que los concrete: <<severo magistrado>>, <<ricas bandejas>>, <<trigo flamante>>, <<rubios granizos>>. En el resto de los casos, van acompañados por un artículo determinado que muestra que de lo que se habla es conocido. Sólo hay dos  adjetivos determinativos, en este caso posesivos, para referirse: uno, al magistrado; otro, a las vírgenes y a su juventud: <<sus caras de purpúreas rosas>>, que recuerda a versos de Garcilaso.
Por otro lado, los adjetivos calificativos destacan como antepuestos al sustantivo, lo que subjetiviza la expresión: <<severo magistrado>>, <<temblador ropaje>>, <<rubios granizos>>.
No hemos de olvidar los verbos, empleados en presente, para actualizar la imagen grecolatina como si nuestros ojos vieran una escena de película. Para ello utiliza también el gerundio.
Las oraciones, aunque compuestas, no son complejas. Cada una ocupa una estrofa y las pausas sintagmáticas coinciden, en la mayoría, con la pausa versal. Podemos observar la adverbial inicial y la coordinada del segundo cuarteto, mientras que en los tercetos destaca las relativas.
Entre los recursos retóricos de este nivel, destacan: por un lado, la enumeración que constituye todo el soneto; por otro, el hipérbaton del primer terceto: <<del sacrificio llevan la cuchilla>>, desajuste sintáctico que produce cierto desasosiego, lo que se vincula con el contenido que se sugiere.
Si nos centramos en el nivel léxico-semántico, el poema presenta un pretendido estilo culto que recupera cultismos grecolatinos (canéforas, purpúreas, carmines, flamante, canea), por lo que fue comparado con Góngora y repudiado por ciertos autores.
Destacable es el campo semántico vinculado a la luz con los siguientes términos: oro, espejeando brilla, flamante, Sol. Pero también el del rojo de la juventud de las canéforas: purpúreas, rosas, carmines.
Entre los recursos retóricos de este nivel, sobresale la comparación (rubios granizos con el Sol parecen) y la metáfora (purpúreas rosas), que, a diferencia de lo que se supone al Modernismo, no resultan demasiado originales.



En conclusión, este texto pertenece a uno de los primeros autores en procurar la renovación lírica de la llamada Edad de Plata de la literatura española (proceso que se inicia a finales del XIX y que se ve truncado con la Guerra Civil). Influirá en autores del movimiento denominado de los Modernos (que incluirá Modernismo y 98), como Manuel Machado, pero, también al novecentismo (primer Juan Ramón Jiménez) y al grupo del 27 (primer Lorca). Será criticado –se consideraba el Modernismo, de base parnasianista, como amanerado, afrancesado y extranjerizante, como indicaba, entre otros, Clarín-, aunque diversas revistas y autores saldrán en su defensa. A su muerte, en 1933, aparecerán numerosos estudios sobre su obra. Destacables son los de Juan Ramón Jiménez,  José Dolmenicha y Cernuda.



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lunes, 3 de marzo de 2014

CUATROCIENTOS AÑOS DE "GRANDEZA MEXICANA", DE BERNARDO DE BALBUENA. CANTO I.


CAPÍTULO I. De la famosa México el asiento. (setenta y un tercetos)

En los veintitrés primeros tercetos se encuentra una cortés alabanza a la dama doña Isabel de Tobar y Guzmán, que le ha pedido información sobre México (tercetos 19- 23). Hace referencia a la niñez de la dama, a su origen importante y digno de no olvido.
Apela a  aquella que le ha pedido la carta aconsejándole que lo escuche para que se aficione <<a la ciudad más rica>> del mundo.
Aparece forma de cortesía a la dama, informándole de que abandona su halago por loor a la ciudad aunque es mayor el de aquella.
Con falsa modestia, el poeta nos dice hiperbólicamente que la magnitud de la hazaña (escribir sobre la grandeza de la ciudad) que hasta para Atlas (el titán castigado por Zeus a sostener el mundo) sería costoso.
Comenta de nuevo el esplendoroso origen de la dama.
Ya en el terceto decimoctavo canta a la dama que la obedece y que pretende hacer bien su oficio.
En el terceto siguiente informa sobre porqué comenzó a escribir el poema:
<< Mandásme que te escriba algún indicio
 de que he llegado a esta ciudad hermosa,
centro de perfección, del mundo el quicio;
su asiento, su grandeza populosa,
sus casas raras, su riqueza y trato,
su gente ilustre, su labor pomposa.
Al fin, un perfectísimo retrato
pides de la grandeza mexicana,
ahora cueste caro, ahora barato>>.

Así que la dama pretende que su antiguo amigo le cuente lo que tuviera que saber de México. La dama desea un retrato de la ciudad cueste lo que cueste.
Se presenta como una hazaña grandiosa para alguien con no tanta virtud (falsa modestia). Mas como lo pide la dama, el poeta le hace el retrato.
Ahora, a partir del vigesimocuarto terceto, empieza el retrato de la ciudad y su grandeza. Comienza con unas indicaciones geográficas, que acaban siendo una descripción idealizada del paisaje al estilo renacentista.
Viento adecuado, ni cálido ni frío, <<donde nadie creyó que hubiera mundo>>, porque se creía que no había nada más allá de las costas de Atlántico hispánico.
Tierra florida, casi maravillosa que recuerda al Paraíso Perdido. Además, posee un mar rico.
Posee un clima de eterna primavera y que extiende el aroma de las flores (hipérbole).
Nos presenta a México como una ciudad construida ordenadamente con unos edificios que muestran su grandeza y esplendor. Sin embargo, no es como cualquiera otra ciudad, puesto que ésta está circundada por una belleza natural, con una gran variedad de flores (hipérbole con estrellas/ cielo y flores/ suelo), con unos montes verdes aún en agosto. Además de llanos fértiles que proporcionan alimento para mucho tiempo.
Después de referirse a las calzadas, canta la variedad racial así como condición social y profesional (tercetos 39- 43).
En el terceto 44 cambia su interlocutor por el <<inmenso mar>> y canta sobre los puertos de México, que siempre permanecen repletos, lo que es relevante porque quiere decir que hexiste gran tráfico comercial y, por tanto, riqueza.
Dedica dieciocho estrofas a demostrar que la gente trabaja por interés, pero Balbuena no parece censurarlo. El mercader se atreve a adentrarse en un mar revuelto para ganar << grandes sumas>>.
Empieza una enumeración de profesiones, llegando a la existencia a las artes, que luego originará la comparación con Grecia y el viejo continente.

Según Balbuena, todos hacen su trabajo porque el interés los acrecienta. Si se le niega al interés << el señorío y las leyes>>, desaparecerá la armonía, caerá el sustento y la grandeza del mundo porque el interés ( que es <<fuente viva/ de la vida política>>) fue quien dio lugar a la colonización de esta tierra y fundación de México. Y cuando el interés se acerca al <<ingenio humano>> da deseo de alcanzar y practicar el arte en la ciudad, que se vuelve <<ilustre y rica>>.


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lunes, 24 de febrero de 2014

CUATROCIENTOS DIEZ AÑOS DE "GRANDEZA MEXICANA", DE BERNARDO DE BALBUENA. ESTRUCTURA DE LA OBRA.

La obra Grandeza Mexicana puede dividirse en dos bloques, más una parte anterior compuesta por un grupo de poemas de elogio a la obra y al autor:  Soneto de don Antonio de Saavedra Guzmán,  Soneto de don Lorenzo Urgarte de los Ríos,   Soneto del doctor don Antonio Ávila de la Cadena ( arcediano de Nueva Galicia), Soneto del licenciado Miguel Zaldierna de Maryara y Quintillas del hermano de Balbuena, don Francisco de Balbuena Estarada.

   La primera parte está compuesta por dos cantos del poeta. Uno dirigido al arcediano de Nueva Galicia y en el que introduce sus composiciones premiadas en su juventud con un comentario.

El segundo grupo,   lo compone propiamente el poema, escrito en forma de tercetos encadenados y endecasílabos dirigidos a doña Isabel de Tobar, de ahí que estén escritos en forma epistolar. En esta parte se describe la ciudad de México y sus maravillas.
A su vez, puede dividirse en nueve cantos precedidos por una introducción donde se explica la causa de la carta. También van precedidos por una octava real que nos adelanta el argumento de cada uno de los nueve cantos:

<<De la famosa México el asiento,
 origen y grandeza de edificios,
caballos, calles, trato, cumplimiento,
 letras, virtudes, variedad de oficios,
 regalos, ocasiones de contento,
 primavera inmortal y sus indicios,
 gobierno ilustre, religión y Estado,
 todo en este discurso está cifrado.>>

Cada uno de estos versos será el título de cada uno de los nueve cantos, excepto el séptimo, que origina dos títulos.

Cada canto está compuesto con aproximadamente setenta tercetos. El último posee una extensión mayor. 


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lunes, 17 de febrero de 2014

CUATROCIENTOS DIEZ AÑOS DE "GRANDEZA MEXICANA", DE BERNARDO DE BALBUENA. CLASIFICACIÓN, PUNTO DE VISTA, TEMA E INTENCIÓN.

Si continuamos con la clasificación, La Grandeza Mexicana pertenece al género lírico. Se presenta  como un poema epistolar, en el que destaca la forma elocutiva de la descripción, empleada por el autor para verter su visión de México.
 En cuanto a las funciones lingüística predominantes, sobresale la  estética (la belleza del mensaje) sobre la  expresiva, a pesar de subyacer la intención de mostrar cómo considera que es Nueva España y el éxtasis de su observación. Y esto también nos conduce, aunque en menor medida, a la representativa.

Respecto al punto de vista, el tema y la intención, Balbuena se nos presenta en la obra poética como un transmisor de lo que ve y presencia. Sin embargo, no lo hace como un simple historiador o descriptor, sino que en algunas ocasiones parece dejarse llevar por la emoción y sentimientos propios que le infundan las maravillas de la ciudad que describe. México parece haber hechizado al poeta de origen rural.
            De ese dejarse llevar por los sentimientos y emoción viene la parte lírica del poema. En ocasiones parece que esa emoción, cual musa, guía la mano del poeta dejándola correr de una forma tan maravillosa que hace de meras descripciones y enumeraciones un deleite para el lector que de otra forma lo hubiera agotado.
El efecto que pretende hacer surgir en el lector ( en primer término a doña Isabel) es el mismo escalofrío de placer que siente él al contemplar las grandezas de México. El lector termina el poema sintiendo una paz y júbilo interno. Además, aquellos que no han contemplado la ciudad tienen un deseo inmenso de llegar a formar parte de esas grandezas.
En cuanto al tema, es obvio ya que el poema gira en torno a la descripción de la grandeza de México; grandeza que suma, por así decirlo, pequeñas grandezas que son los argumentos de cada uno de los cantos.

En cuanto a l motivo y finalidad de la obra, ésta  aparece en respuesta a la petición de doña Isabel de Tobar, que quiere saber sobre México. De ahí el tono de elogio y exaltación a la ciudad de México.
Pero el de encantar a la dama con su estilo elegante de alabanza y descripción de las maravillas de México no es la única y, tal vez, más importante finalidad.

Además de ésta, Balbuena pretende hallar un mecenas que lo ayude a encontrar la fama literaria y una posición visible dentro de su profesión. De ahí que dedique la obra a dos personajes, representantes cada uno de los grandes poderes de México: político y eclesiástico, el conde de Lemos y el Arzobispo de México, respectivamente.

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sábado, 15 de febrero de 2014

COMENTARIO DE TEXTO: AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, QUEVEDO

Francisco de Quevedo, escritor barroco
Ayer, una afable conversación con el escritor Alberto Infante me trajo a la mente uno de mis poetas preferidos de la historia de nuestra literatura: Quevedo. Autor cuyos versos pueden verse desde varios prismas, mas siempre con una actualidad de la que carecen algunos autores del veinte.
Como esta semana se celebró el día de los enamorados –aunque es una de esas fechas que me parecen absurdas-, voy a recuperar un poema del autor sobre el tema amoroso. Verá, querido lector, que los versos reflejan una amor petrarquista con un hálito propio del Barroco español.
Voy a hacer algo que sé que los poetan odian, comentar un poema. Tengo que agradecer a mi profesora de Literatura Universal en el instituto que me hiciera entender que lo primero que ha de hacerse con la poesía es leerla  de la manera más pura posible. Tal vez no se entienda todo el texto, pero unos buenos versos producirán una sensación en el alma. Y de ahí ha de partirse para ir comprendiendo mejor el poema. Así que le aconsejo, estimado lector, que lea el poema, se escuche a sí mismo para entender qué sentimientos le ha provocado. Yo llegaré después con la leve disección que será el comentario a fin de que comprenda un poco más ese texto y cómo el autor ha logrado conseguir comunicarse con alma.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día, 
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía: 
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa. 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido 

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
 

A continuación va a comentarse el presente texto. Para ello se partirá tanto de los modelos de comentario de Díez Borque y Lázaro Carreter como la teoría de las funciones de la lengua.
En primer lugar, podemos caracterizar el texto siguiendo los tres criterios a los que se refiere Adam; a saber: tema, forma elocutiva e intención.
Temáticamente, el texto es literario en tanto en cuanto el emisor (Quevedo) emplea extrañadores (ritmo, verso y recursos retóricos) a la hora de crear un mensaje con el fin de embellecerlo. A esto se suma que pertenece al género lírico, pues presenta sentimientos y pensamientos: la idea de que su amor es tan fuerte que rompe los límites de la muerte. No hemos de olvidar el subgénero, en este caso la estructuración  en dos tercetos y dos cuartetos nos conduce al soneto.
Respecto a la forma elocutiva, el poema se configura mediante la descripción del amor del yo lírico contra el poder de la muerte. De manera que se describe un proceso: la muerte y la reacción rebelde de la pasión amorosa del yo lírico, lo que recuerda al Petrarquismo.
En cuanto a la intención del emisor, el texto es estético, puesto que Quevedo embellece el mensaje mediante los ya mencionados extrañadores.
Si pasamos al punto de vista de la voz, hay que recordar que nos hallamos a, como ya se ha advertido, ante un texto lírico. De modo que debemos analizar el yo lírico y un tú textual al que se dirige. Hay que tener presente, ante todo, que con el poema sucede una situación comunicativa donde el emisor, el yo lírico, con tono vehemente, presenta su paradójica e hiperbólica idea de que la pasión amorosa vencerá a la muerte. La presencia del yo lírico es evidente en las formas de los adjetivos determinativos (mis ojos, en el primer verso) y de los pronombres personales átonos (sombra que me llevare el blanco día, en el segundo verso).
Esa idea es de origen petrarquista, pero aquí el yo lírico presenta una visión barroca: la amenaza constante de la muerte y cierto sentimiento de soledad.
En lo que se refiere al tú textual, no queda muy claro a quién oculta, pues no puede extraerse morfológicamente. De hecho, parece que se impersonaliza para comunicarse con un tú universal, típico de la literatura cabe la posibilidad de que se refiera a una mujer e, incluso, a la muerte. Sin embargo, el emisor no aporta datos suficientes para inferir estas ideas.
El yo lírico asegura que aunque la muerte le llegue y se dé la feliz separación entre cuerpo y alma (Neoplatonismo), su pasión amorosa no olvidará ni desaparecerá (referencia al Leteo de la mitología grecolatina). De manera que su sentimiento amoroso resulta más fuerte que la muerte (ley severa).
El tema, por tanto, está tomado de los poemas de Petrarca (la inmortalidad y fuerza del amor), pero visto desde el prisma del Barroco español.
Por la forma que presenta al expresarlo, es posible que destaca la función poética o estética (embellece el mensaje). También aparece la expresiva en tanto que, como ya se ha indicado, el yo lírico muestra su sentimiento rebelde contra la muerte defendiendo el poder de su amor.
No hemos de olvidar la presencia de la función referencial. Aunque el poema sea una paradoja en sí (vive lo que ha muerto), la descripción de la muerte –aquí típicamente barroca: se presenta lao tortuoso de la muerte, pero también como algo liberador ante lo absurdo de la realidad- nos conduce a un referente real que está presente en el mundo del destinatario.
En cuanto a la estructura, en la externa se observa que nos encontramos ante un soneto, organizado en dos cuartetos y dos tercetos de arte mayor (endecasílabos) y de rima consonante ABBA ABBA CDC DCD.
Como se sabe, esta forma surgió en el Trecentto italiano, en Sicilia, más tarde fue recogido en el XV por el Marqués de Santillana, quien intentó introducirlo sin éxito (sonetos al itálico modo). Serán Boscán y Garcilaso, en el siglo siguiente,  quienes consigan dotar al endecasílabo de flexibilidad. Sin embargo, los autores del Barroco otorgarán mayor fuerza a esta forma poética, que se seguirá empleando, incluso,  hoy en día.
Respecto a la estructura interna, el poema se organiza en dos partes que coinciden con los cuartetos y tercetos. El tema es el mismo (inmortalidad del alma), pero se trata de manera diferente en cada sección. Esa victoria verbal contra la muerte (tan presente en el Barroco) aparece de  manera autobiográfica en los cuartetos (mis ojos y me llevare, versos uno y dos respectivamente). Esta primera parte puede subdividirse en dos, relacionándose con los dos términos de la larga oración adversativa. El primero describe la acción poderosa de la muerte (cerrará podrá, llevarse, podrá desatar) mientras que en el segundo aparece la hiperbólica fuerza del amor del yo lírico que conseguirá sobrevivir al cuerpo.
La segunda parte, separada de la primera por el punto, también está constituida por una oración compleja que parece universalizar la idea del poema. Se organiza, a su vez, en dos secciones coincidentes con cada uno de los tercetos y de los términos de la oración. En la primera aparece una enumeración de términos con sus incisos explicativos. En la segunda, una aparente correlación de predicados.
En cuanto al nivel fónico- gráfico, destaca la fusión de dos palabras en el primer verso del segundo cuarteto. Sobresale, además, la entonación enunciativa, pues pretende aparentar la objetividad y lo real de lo descrito.
Como nos hallamos ante un poema, el ritmo tiene gran importancia. No sobresalen los encabalgamientos, sólo apareciendo uno en el primer verso (cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra que me llevare el día blanco). Se relaciona con dos sentidos: por un lado, con la idea clásica de representar nuestra vida como un hilo que cortan las Parcas en el momento de la muerte (irónico aquí, pues el encabalgamiento aporta continuidad); por otro, la visión de la muerte como camino o viaje. Da la sensación, además, que esa muerte arrastra al alma contra su voluntad.
De manera que destaca la presencia de esticomitia, lo que produce un ritmo pausado en relación con la sensación de  cierta seguridad –aunque sólo sea verbal- y bravuconería del yo lírico ante la muerte.
Ya se ha advertido, por otro lado, que el poema es un soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos de arte mayor (endecasílabos), con algunas sinalefas (llevare el blanco día) a fin del que el cómputo silábico sea de once sílabas.
El acento estrófico cae en la sílaba par, por lo que existe un ritmo yámbico. Respeto al resto de los acentos versales, existe alternancia dependiendo del contenido (sáfico y melódico), aunque destaca el endecasílabo sáfico. De modo que existes versos rítmicos como el primero (segunda, cuarta, sexta y décima sílabas), donde se hace patente el hecho irrefutable y poderoso de la muerte (cerrar podrá mis ojos la postrera). Pero también aparecen algunos extrarrítmicos, como el último verso (polvo serán, mas polvo enamorado). Sin embargo, el poema en sí presenta un ritmo pausado y seguro, a diferencia, como se verá más adelante, de las tortuosas sintaxis y semántica.
Es curiosa la repetición acentual en la vocal a, que junto a la aliteración que comentaremos a continuación, da lugar a claridad, aunque se hable de la muerte.
Respecto a los recursos retóricos de este nivel, destaca la aliteración de la a: y podrá desatar esta alma mía. Aquí parece relacionarse con la liberación del alma del cuerpo. De manera que se ve como algo positivo, tal como en el Platonismo.
Si pasamos al nivel morfosintáctico, se advierte que destaca el ámbito nominal sobre el verbal, puesto que se está describiendo. Los sustantivos que aparecen son, en su mayoría, concretos: ojos, ribera, venas, médulas, ceniza, polvo, aunque muchos son metáforas de ideas abstractas. También aparece el sustantivo abstracto alma de manera repetida por la lucha entre el alma enamorada y la muerte.
Hay que referirse también a los artículos determinados que se refieren a realidades conocidas por el interlocutor (la postrera/sombra, en referencia a la muerte). Es curiosa la elipsis de determinantes en el último terceto, generalizando y universalizando lo que en los cuartetos se concreta en la primera persona (mis ojos).
Respecto  a los adjetivos calificativos, resultan numerosos al hallarnos ante una descripción. En el primer cuarteto aparecen antepuestos: postrera sombra, blanco día. Esto nos lleva a algo no tangible, etéreo. Sin embargo, después los coloca tras el sustantivo, lo que dota al adjetivo de más realismo y objetividad, aunque sea aparente: ley severa, polvo enamorado.
En cuanto al ámbito verbal, hay que destacar las dos perífrasis de probabilidad que aparecen en el primer cuarteto (cerrar podrá y podrá desatar) El hipérbaton de la primera tiene la finalidad de tematizar el auxiliado cerrar y presentar el gran poder de la muerte sobre los hombres.
Resulta curioso el empleo del tiempo verbal que hace Quevedo en este poema, pues inicia con el futuro hipotético, continúa con un presente (nadar sabe) y un pasado relacionado con la muerte (han sido, han dado, han ardido) y volviendo al futuro al final. Da una sensación cíclica que recuerda a las creencia grecolatinas. Pero, además, consigue eternizar ese polvo enamorado.
Interesante es también el empleo del adverbio gloriosamente (médulas, que han gloriosamente ardido) en dilogía. Por un lado, las médulas han ardido gloriosamente por la pasión amorosa; por otro, se hace referencia a la pira funeraria y a la liberación del alma del cuerpo (sentido sacro  en relación con ceniza y polvo).
Respecto a las oraciones, se presentan en dificultosas hipérbaton típicas del Barroco. Como ejemplo, puede citarse el primer cuarteto en su totalidad.
A esto se suma que la oraciones son largas y complejas, con lo que Quevedo hace alarde de su cultura y maestría estilística. Así vemos que los dos cuartetos se forman por una larga oración adversativa que contiene en su interior subordinadas sustantivas en hipérbaton. Destaca la conjunción mas con la que se inicia el segundo cuarteto, que opone la rebeldía del alma enamorada a la fuerza de la muerte.
Si nos referimos a los recursos de este nivel, destaca el empleo de hipérbaton, ya comentado anteriormente. También aparece el paralelismo en el primer terceto, en el que se enumeran tres sujetos con sus respectivos incisos, que se correlacionan, en el último terceto, con los predicados.
Interesante resulta , además,  el quiasmo, tanto el comentado de la perífrasis como el del final del poema  serán ceniza (…)/ polvo serán.
Destacable es la repetición de ciertas palabras, como el nexo adversativo mas, relacionado con el tema (victoria verbal contra la muerte) y alma.
No ha de olvidarse la elipsis, especialmente en el último terceto, en el que se omiten tanto determinantes como verbos (mas polvo enamorado).
Y, obviamente, hemos de hacer referencia a la perífrasis, pues el yo lírico da una vuelta para indicar el tema.
Si pasamos al nivel  léxico –semántico, se observa con claridad que nos encontramos ante un poema que emplea el nivel culto de la lengua. Esto ocurre por el empleo tanto de una sintaxis compleja y el hipérbaton como por el uso de cultismos (médulas).
El poema se configura en torno a unos campos semánticos. Tres son los principales: el amor (desde el punto de vista metafórico, empleado desde el amor cortés: ardió, llama, fuego, han ardido, ceniza, polvo enamorado); la muerte (mediante eufemismos: postrera sombra, cerrar podrá mis ojos, podrá desatar, ribera, agua fría, ley severa, han ardido, ceniza, polvo); olvido, desde el punto de vista mitológico que recuerda al Leteo del que beben las almas para olvidar su anterior vida (memoria, cuidado).
Respecto a los recursos retóricos, destaca el empleo de metáforas, muchas relacionadas con la mitología grecolatina. Así, en el primer verso, mediante una perífrasis y eufemismo aparecen dos metáforas de la muerte: cerrar podrá y postrera sombra. El blanco día se refiere al día de la muerte desde el punto de vista positivo por la concepción platónica, como ocurre con hora lisonjera.
Podrá desatar hace referencia a dos ideas:  a la platónica (alma se libera del cuerpo con la muerte) y a la mitológica (las Parcas cortan el hilo de la vida).
Ribera y agua fría se refieren a la laguna Estigia que dividía, según los clásicos el mundo de los muertos y el de los vivos. El barquero Caronte (personificación de la muerte) llevaba (tras el pago de una moneda) al alma al otro lado. Por eso emplea el adjetivo fría, en antítesis a ardía, que presenta una dilogía, típica de Quevedo: por un lado, la metáfora del fuego amoroso; por otro lado, el de la vida.
Ley severa se vincula también con la muerte y con la idea de que nunca cambia (visión angustiada).
Como puede apreciarse, Quevedo ha construido una alegoría de la muerte en el segundo cuarteto.
También puede comentarse el empleo de metonimia, como ocurre en el primer terceto, donde aparece la palabra dios referido a Eros (dios griego del amor), que se vincula, por tanto, con la pasión amorosa.
Existen, además, numerosas personificaciones: de la muerte (cerrar podrá), del alma (nadar sabe, polvo enamorado).
Sobre todos estos recursos destacan dos: paradoja e hipérbole. El poema  está repleto de paradojas, pero todo él constituye una: la idea de que el yo lírico podrá morir, pero no su amor (vida de lo muerto). El soneto también es una hipérbole en este sentido, pues el yo lírico asegura a la amada que su amor resulta tan fuerte que vence a la muerte.

Para terminar, hemos de recordar que este soneto, titulado Amor constante más allá de la muerte, pertenece a Quevedo, autor del Barroco y representante del Conceptismo.



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