Este artículo se basa en la conferencia de
don JOSE MARÍA BALCELLS sobre “el
rayo que no cesa desde la
intertextualidad”. De manera que se percibe la vinculación de sus textos
con otros.
En
primer lugar Balcells se refirió a una influencia petrarquista por medio de
Garcilaso y Quevedo.
La obra se
compone de versos de amor, excepto la elegía. De manera que se asemeja al
cancionero petrarquista en tanto que se sigue una historia. Incluso la elegía
tiene cabida, puesto que Ramón Sijé fue testigo de esos amores. Además, el
cancionero petrarquista introduce también sonetos amorosos y otros textos de
otra índole estructural. Así, se presenta una alternancia de sonetos, canciones
y elegías como aparece en el cancionero petrarquista. Y al igual que en éste, aparecen unos sonetos- prólogos.
Como
en el modelo, se supone que todos los poemas van dedicados a una mujer, en este
caso a Josefina (aunque en el Congreso hubo discusiones en torno a este tema).
De manera que la obra se organiza en torno a una historia de amor a veces
basada en la biografía y otras veces no, pero es una historia amorosa.
A esto se suma la influencia de la obra de San Juan de la
Cruz junto al hecho de que los
poemas I, V, XXV están muy relacionados con la Égloga I de Garcilaso, por el tono inconsolable del yo poético.
I.
Un
carnívoro cuchillo
de ala dulce y
homicida
sostiene un vuelo y
un brillo
alrededor de mi
vida.
Rayo de metal
crispado
fulgentemente caído,
picotea mi costado
y hace en él un
triste nido.
Mi sien, florido
balcón
de mis edades
tempranas,
negra está, y mi
corazón,
y mi corazón con
canas.
Tal es la mala
virtud
del rayo que me
rodea,
que voy a mi
juventud
como la luna a mi
aldea.
Recojo con las
pestañas
sal del alma y sal
del ojo
y flores de
telarañas
de mis tristezas
recojo.
¿A dónde iré que no
vaya
mi perdición a
buscar?
Tu destino es de la
playa
y mi vocación del
mar.
Descansar de esta
labor
de huracán, amor o
infierno
no es posible, y el
dolor
me hará a mi pesar
eterno.
Pero al fin podré
vencerte,
ave y rayo secular,
corazón, que de la
muerte
nadie ha de hacerme
dudar.
Sigue, pues, sigue
cuchillo,
volando, hiriendo.
Algún día
se pondrá el tiempo
amarillo
sobre mi fotografía.
V
Tu corazón,
una naranja helada
con un dentro sin
luz de dulce miera
y una porosa vista
de oro: un fuera
venturas
prometiendo a la mirada.
Mi corazón, una
febril granada
de agrupado rubor y
abierta cera,
que sus tiernos
collares te ofreciera
con una obstinación
enamorada.
¡Ay, qué
acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y
hallar un hielo
de irreductible y
pavorosa nieve!
Por los alrededores
de mi llanto
un pañuelo sediento
va de vuelo
con la esperanza de
que en él lo abreve.
XXV
Al derramar
tu voz su mansedumbre
de miel bocal, y al
puro bamboleo,
en mis terrestres
manos el deseo
sus rosas pone al
fuego de costumbre.
Exasperado llego
hasta la cumbre
de tu pecho de
isla, y lo rodeo
de un ambicioso mar
y un pataleo
de exasperados pétalos
de lumbre.
Pero tú te
defiendes con murallas
de mis alteraciones
codiciosas
de sumergirse en
tierras y océanos.
Por piedra pura,
indiferente, callas:
callar de piedra,
que otras y otras rosas
me pones y me pones
en las manos.
También
hay presencia de Lope en metáforas, en recreación de tema tradicional (naranjas
enviadas por las niñas); relaciones entre “a la braveza de un toro”, de Lope
con “como el toro he nacido para morir”.
A
esto se suma la influencia de los contemporáneos, destacando Aleixandre y
Neruda.
Del
primero se puede decir que la fuerza de Destrucción o el amor recae en los
poemas
VIII
Por tu pie,
la blancura más bailable,
donde cesa en diez
partes tu hermosura,
una paloma sube a
tu cintura,
baja a la tierra un
nardo interminable.
Con tu pie vas
poniendo lo admirable
del nácar en
ridícula estrechura,
y donde va tu pie
va la blancura,
perro sembrado de
jazmín calzable.
A tu pie, tan
espuma como playa,
arena y mar me
arrimo y desarrimo
y al redil de su
planta entrar procuro.
Entro y dejo que el
alma se me vaya
por la voz amorosa
del racimo:
pisa mi corazón que
ya es maduro.
XIII
Mi corazón
no puede con la carga
de su amorosa y
lóbrega tormenta
y hasta mi lengua
eleva la sangrienta
especie clamorosa
que lo embarga.
Ya es corazón mi
lengua lenta y larga,
mi corazón y es
lengua larga y lenta...
¿Quieres contar sus
penas? Anda y cuenta
los dulces granos
de la arena amarga.
Mi corazón no puede
más de triste:
con el flotante
espectro de un ahogado
vuela en la sangre
y se hunde sin apoyo.
Y ayer, dentro del
tuyo, me escribiste
que de nostalgia
tienes inclinado
medio cuerpo hacia
mí, medio hacia el hoyo.
XXI
¿Recuerdas
aquel cuello, haces memoria
del privilegio
aquel, de aquel aquello
que era,
almenadamente blanco y bello,
una almena de nata
giratoria?
Recuerdo y no
recuerdo aquella historia
de marfil expirado
en un cabello,
donde aprendió a
ceñir el cisne cuello
y a vocear la nieve
transitoria.
Recuerdo y no
recuerdo aquel cogollo
de estrangulable
hielo femenino
como una lacteada y
breve vía.
Y recuerdo aquel
beso sin apoyo
que quedó entre mi
boca y el camino
de aquel cuello,
aquel beso y aquel día.
mientras que Espadas
como labios influye principalmente a las composiciones
III
Guiando un
tribunal de tiburones,
como con dos
guadañas eclipsadas,
con dos cejas
tiznadas y cortadas
de tiznar y cortar
los corazones,
en el mío has
entrado, y en él pones
una red de raíces
irritadas,
que avariciosamente
acaparadas
tiene en su
territorio sus pasiones.
Sal de mi corazón,
del que me has hecho
un girasol sumiso y
amarillo
al dictamen solar
que tu ojo envía:
un terrón para
siempre insatisfecho,
un pez embotellado
y un martillo
harto de golpear en
la herrería.
y XXIV
Fatiga
tanto andar sobre la arena
descorazonadora de
un desierto,
tanto vivir en la
ciudad de un puerto
si el corazón de
barcos no se llena.
Angustia tanto el
son de la sirena
oído siempre en un
anclado huerto,
tanto la campanada
por el muerto
que en el otoño y
en la sangre suena,
que un dulce
tiburón, que una manada
de inofensivos
cuernos recentales,
habitándome días,
meses y años,
ilustran mi
garganta y mi mirada
de sollozos de
todos los metales
y de fieras de
todos los tamaños.
Es
posible distinguir la base de Alberti, sobre todo de Cal y canto y Sobre los
ángeles.
Aparece
el recuerdo de Villamediana antes de la llegada de Neruda a España, pues en
1931 nuestro poeta hace ya conferencia sobre aquél.
Por
último, cabe observar una relación con la impureza poética de Neruda en el uso
reiterado del término amapolas en contexto fúnebre, que se vincula con la
temática de la muerte junto a llanto y lluvia. También aparece anáfora por
medio de quiero con el tema del desenterramiento en ambos poetas
El
ponente concluía afirmando que la obra presenta un sello propio, pero con la
intertextualiadad anterior y coetánea, fundiéndose el Siglo de Oro con las
Vanguardias.
Para saber más: