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| Personaje de Los Simpson. |
No hace mucho, tuve una
interesante conversación con alguien que conocí en el autobús (y es que, a
pesar del aparente destierro de la cultura y del raciocinio, a veces, uno se
encuentra auténticos tesoros en personas). Entre otros asuntos, el diálogo se
dirigió a una de las modas nacionales: apuñalar nuestra lengua. Y es que
espanta la involución y denigración que sufre nuestro instrumento de desarrollo
de conciencia.
La postura era que todo esto va a
conducir a una gran diglosia, un castellano (o español) doble: el clásico (el
que hasta ahora debía ser el modelo) y lo que llamamos la variedad vulgar, de
la gente que, por diversas causas, no ha recibido la cultura necesaria. Y es
que barbaridades que eran aisladas –de un grupo social marginal- se están extendiendo
ya desde los medios de comunicación. No sé si la causa es que la mayor parte
que ejerce como periodistas ni siquiera han estudiado esta carrera o si a
muchos periodistas se les ha olvidado que deben emplear la variedad común y
correcta, pues son el modelo en que se
van a fijar el resto de hablantes. ¿Será que una barriobajera como Belén Esteba
ha sido la imagen que copia toda una generación? ¿Será que a los privilegiados
les interesa la profunda estupidez en sus “ciudadanos” para manipularlos sin
que se enteren de lo que están comunicando realmente?
Fuera como fuere el hecho es que
los alumnos no entienden al profesor, no comprenden las palabras que emplea,
por mucho que éste baje el nivel. Hace un par de años, por ejemplo, en un
centro educativo de renombre de Madrid pusimos en un examen un texto sencillísimo
de Larra que se refería a los aduladores. La prueba tuvo unos resultados
horribles en segundo de bachillerato. No nos lo explicábamos hasta que unos
alumnos me dijeron (con las formas impertinentes que ahora repite todo el
mundo) que esa palabra era dificilísima.
Estamos viendo ya cómo volvemos a
la España del
XVII en muchos aspectos. Y uno es justamente la distinción entre la lengua clásica
que el pueblo idiotizado por los privilegiados no era capaz de entender. ¿Iremos
hacia lo mismo que en el mundo árabe: una lengua clásica para la buena
literatura con la que sólo los sabios –o ricos- puedan deleitarse frente a una lengua para el vulgo,
incapaz de entender mensajes profundos?
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